VIAJES INCREÍBLES 65
C iudades secundarias, regiones menos famosas y lugares que antes parecían una escala comienzan a convertirse en el verdadero destino. Primero conocimos el nombre famoso. Después descubrimos el lugar que supuestamente se le parecía.“ La alternativa a …”“ El nuevo …”“ La versión económica de …”“ El secreto mejor guardado de …” Entonces compramos el boleto. Llegamos. Caminamos. Y descubrimos algo incómodo para aquella comparación: no se parecía tanto. Tenía otros ritmos, otra comida, otras calles, otras conversaciones y una historia que no necesitaba copiar la de ningún otro lugar. Y precisamente por eso había valido la pena ir.
EL VIAJE DE LOS LUGARES OBLIGATORIOS
Durante décadas aprendimos a viajar con una especie de lista invisible. Si vas a Francia, París. Si visitas Italia, Roma, Venecia o Florencia. Si llegas a Japón, Tokio y Kioto. Si piensas en Grecia, probablemente aparezcan Santorini o Mykonos.
Los grandes destinos se convirtieron en símbolos tan poderosos que algunas ciudades terminaron representando países completos dentro del imaginario turístico. No hay nada incorrecto en querer conocerlos. Son famosos por razones evidentes. El problema comienza cuando confundimos lo famoso con lo único que merece ser visto. En 2026 existen señales de que algunos viajeros están ampliando ese mapa. Booking. com informó en julio que 29 % de los viajeros encuestados está interesado en visitar destinos alternativos que ofrezcan experiencias similares a lugares ampliamente conocidos. Entre quienes buscan lugares menos concurridos, 44 % mencionó como motivación evitar contribuir a la saturación turística.
Menos famoso no significa vacío. Tampoco deberíamos asumir que cualquier lugar con menor presencia internacional está preparado para recibir una avalancha de visitantes.