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familiares preparados con dedicación y una celebración en la que los vínculos entre vivos y muertos permanecen en el centro. Oaxaca permite además recordar que la relación con los ancestros tiene raíces mucho más antiguas que la celebración contemporánea. Investigaciones arqueológicas del INAH en Monte Albán han documentado tumbas, ofrendas funerarias y objetos rituales vinculados con concepciones de muerte, transformación y veneración de los ancestros entre los antiguos zapotecos. Eso no significa que una celebración actual sea simplemente la continuación intacta de un rito prehispánico. La historia es más compleja. Precisamente una de las características que destaca la UNESCO es la convivencia y transformación de elementos indígenas y católicos a lo largo de siglos.
EL ALTAR NO VIENE CON INSTRUCTIVO
Cuando una tradición alcanza enorme popularidad, aparece la tentación de simplificarla. Primer nivel significa esto. Segundo nivel significa aquello. Cada objeto tiene un significado único. Pero las prácticas culturales rara vez caben perfectamente dentro de un instructivo. Un altar puede compartir flores, velas, alimentos, imágenes y objetos con otro situado a cientos de kilómetros y, al mismo tiempo, pertenecer a una tradición distinta. En el Xantolo huasteco, por ejemplo, el arco tiene una importante dimensión ritual y está relacionado con la cosmovisión de los pueblos originarios de la región. En otras comunidades, la organización, los alimentos, los momentos de recepción y despedida o las prácticas realizadas en el cementerio adquieren otras formas. La diversidad no debilita la tradición. Es precisamente una de las razones por las que continúa viva.
TAMPOCO TODOS LLEGAN EL MISMO DÍA
Incluso el calendario de regreso puede tener matices. La UNESCO señala que los difuntos pueden dividirse en categorías relacionadas con factores como edad, causa de muerte, sexo y, en determinados casos, profesión, asignándose momentos específicos de culto. En algunas tradiciones se espera primero a los niños. Después llegan los adultos. En otras, los tiempos rituales comienzan antes y terminan después de las fechas que aparecen en el calendario turístico. Por eso hablar únicamente del 2 de noviembre deja fuera buena parte de la historia. Para muchas comunidades, recibir a los muertos no es un evento de un día.