VIAJES DE GULLIBER Swift, Jonathan - Los viajes de Gulliver | Page 163
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Contestada con esto la única objeción que como viajero pudiera ponérseme, me despido
por fin en este punto de todos mis amados lectores y me vuelvo a absorberme en mis
meditaciones y a mi pequeño jardín de Redriff; a poner por obra aquellas sabias lecciones
de virtud que aprendí entre los houyhnhnms; a instruir a los yahoos de mi familia hasta
donde llegue su condición de animal dócil; a mirar frecuentemente en un espejo mi propia
imagen, para ver si así logro habituarme con el tiempo a soportar la presencia de una
criatura humana; a lamentar la brutalidad de los houyhnhnms de mi tierra, aunque siempre
tratando con respeto sus personas, en honor de mi noble amo, su familia, sus amigos y toda
la raza houyhnhnm, a que éstos que viven entre nosotros tienen el honor de asemejarse en
todas sus facciones, por más que sus entendimientos hayan degenerado.
La semana pasada empecé a permitir a mi mujer que se sentase a comer conmigo, en el
extremo más apartado de una larga mesa, y me contestara, aunque con la mayor brevedad, a
unas cuantas preguntas que le hice. Sin embargo, como el olor de los yahoos sigue
molestándome mucho, tengo siempre la nariz bien taponada con hojas de ruda, espliego o
tabaco. Y aun cuando es difícil para un hombre perder en época avanzada de la vida añejas
costumbres, no dejo de tener esperanzas de poder tolerar en algún tiempo la próxima
compañía de un yahoo sin el recelo que aun me inspiran sus clientes y sus garras.
Mi reconciliación con la especie yahoo en general no sería tan difícil si ellos se
contentaran sólo con los vicios y las insensateces que la Naturaleza les ha otorgado. No me
causa el más pequeño enojo la vista de un abogado, un ratero, un coronel, un necio, un lord,
un tahur, un político, un médico, un delator, un cohechador, un procurador, un traidor y
otros parecidos; todo ello está en el curso natural de las cosas. Pero cuando contemplo una
masa informe de fealdades y enfermedades, así del cuerpo como del espíritu, forjada a
golpes de orgullo, ello excede los límites de mi paciencia, y jamás comprenderé cómo tal
animal y tal vicio pueden ajustarse. Los sabios y virtuosos houyhnhnms, que abundan en
todas las excelencias que pueden adornar a un ser racional, no tienen en su idioma término
para designar este vicio, como no lo tienen para expresar nada que signifique el mal,
excepto aquellos con que califican las detestables cualidades de sus yahoos, y entre ellas no
pueden distinguir ésta del orgullo por falta de completo conocimiento de la naturaleza
humana, según se muestra en otros países en que este animal gobierna. Pero yo, con mi
mayor experiencia pude claramente reconocer algunos rudimentos de ella en los yahoos
silvestres. Los houyhnhnms, que viven bajo el gobierno de la razón, no se encuentran más
orgullosos de las buenas cualidades que poseen que puedo estarlo yo de que no me falte un
brazo o una pierna, lo que no puede constituir motivo de jactancia para ningún hombre en
su juicio, aunque sería desdichado si le faltaran. Insisto particularmente sobre este punto,
llevado del deseo de hacer por todos los medios posibles la sociedad del yahoo inglés no
insoportable, y, de consiguiente, conjuro desde aquí a quienes tengan algún atisbo de este
vicio absurdo para que no se atrevan a comparecer ante mi vista.
FIN
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