VIAJES DE GULLIBER Swift, Jonathan - Los viajes de Gulliver | Page 161
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ánimo las lecciones y los ejemplos de mi noble amo y los otros ilustres houyhnhnms, de
quienes tanto tiempo había tenido el honor de ser humilde oyente.
Nec el miserum Fortuna Sinonem
Finxit; vanum etiam; inendacemque improba finget.
Demasiado conozco cuán escasa reputación puede alcanzarse con escritos que no
requieren talento ni estudio ni dote alguna que no sea una buena memoria o un exacto
diario. También sé que quienes escriben de viajes, como quienes hacen diccionarios, se ven
sepultados en el olvido por el peso y la masa de aquellos que vienen detrás y, por más
nuevos, más perfectos en la mentira. Y es más que probable que los viajeros que en
adelante visiten los países que yo en este trabajo doy a conocer, logren, rectificando mis
errores, si alguno hubiera, y agregando muchos nuevos descubrimientos de cosecha propia,
restarme toda estima, ocupar mi puesto y hacen que el mundo olvide si yo fuí autor jamás.
Esto sería, sin duda, cruel mortificación si yo escribiese en busca de fama; pero como mi
aspiración sólo fue el bien general, no ha de servirme en ningún modo de desengaño. Pues,
¿quién podrá leer lo que yo refiero de las virtudes de los gloriosos houyhnhnms sin sentir
vergüenza de sus vicios cuando se considere el animal dominante y razonador de su país?
Nada diré de aquellas remotas naciones en que gobiernan yahoos, entre las cuales es la
menos corrompida la de los brobdingnagianos, cuyas sabias máximas de moral y de
gobierno serían nuestra felicidad si diésemos en observarlas. Pero dejo los comentarios, y al
juicioso lector, que por cuenta propia haga observaciones y establezca analogías.
Me produce no pequeña satisfacción pensar que no es posible que esta mi obra
encuentre censores; pues ¿qué objeciones pueden hacerse en contra de un escritor que relata
únicamente simples hechos acaecidos en países de tal modo distantes que no puede
movernos respecto de ellos interés alguno, bien sea de comercio o de negociaciones
políticas? He evitado cuidadosamente caer en todas aquellas faltas que de ordinario y con
demasiada justicia se imputan a los que escriben de viajes. Además, no me ocupo para nada
de partido ninguno, sino que escribo sin pasión, prejuicio ni malevolencia contra ningún
hombre, cualquiera que sea. Escribo con el nobilísimo fin de informar e instruir al género
humano, propósito para el que puedo, sin inmodestia, preciarme de cierta superioridad,
basada en las enseñanzas recibidas durante el largo tiempo que conversé con los
houyhnhnms más eminentes. Escribo sin mira alguna de provecho ni de nombradía, sin dar
jamás curso a una palabra que pueda parecer repercusión de afectos personales o suponer la
menor ofensa, aun para aquellos que más prontos estén a tomarla. Así, que espero tener
justo derecho a calificarme de autor completamente irreprensible, contra el cual los
ejércitos de la réplica, el examen, la observación, la interpretación, la averiguación y la
anotación no encontrarán nunca motivo para ejercitar sus talentos.
Confieso que se me ha indicado que el deber me obligaba, como súbdito de Inglaterra, a
escribir un memorial a un secretario de Estado inmediatamente después de mi regreso, pues
cualesquiera tierras que un súbdito descubre pertenecen a la Corona. Pero dudo que
nuestras conquistas en los países de que trato fuesen tan fáciles como fueron las de Hernán
Cortés sobre americanos desnudos. Creo que los liliputienses apenas valen el gasto de una
flota y un ejército para reducirlos, y pregunto yo si sería prudente ni seguro atacar a los
brobdingnagianos, y si un ejército inglés se encontraría muy tranquilo con la isla volante
sobre sus cabezas. Los houyhnhnms no parecen tan bien preparados para la guerra, ciencia
a que son extraños por completo, ni mucho menos para librarse de armas arrojadizas; no
obstante, si yo fuese ministro de Estado, jamás aconsejaría la invasión de aquel territorio.
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