NICK CAVE
Desde la ociosa necesidad de entender qué hace a un frontman una leyenda, pensemos en Nick Cave; en su honesta oscuridad, alejada de poses espectaculares o artificios burdos como morder a un murciélago en el escenario; hablemos del sexo que exuda en cada nota que entona, sin caderas o glamour contemplemos su narrativa, su poesía cantada y nunca sometida al servicio exclusivo de un instrumento; démonos el lujo de notar que durante más de 30 años, este australiano –usualmente de la mano de su grupo de malas semillas– ha tenido a bien darnos algunos de los discos más significativos del rock de manera constante: sin pausa o piedad.
La obra de Cave también explora terrenos inaccesibles para muchos, conquistando las páginas mudas de los libros, el movimiento de las historias narradas en pantallas y cantando el deus ex machina con honestidad sólo comparable a la de Leonard Cohen, Bob Dylan o Johnny Cash, con quienes comparte lazos de inmortalidad.
En este punto será imposible negar que nos encontramos en los terrenos de una leyenda. Un hombre con cuyas letras podríamos llenar cuartos enteros –castillos medievales antes ocupados por escritores locos de pared a pared–, sin escribir una sola frase carente de belleza.
Sus discos, tan lejos del éxito bestial para las masas ávidas de hype, pero tan cerca del alma y la pluma de los genios que le sucedieron, narran la historia de otro rock, uno que vive pegado a la tierra y que, de algún modo, logra rozar el cielo (incluso cuando no desea hacerlo). Él es un ídolo de pocos pero poderosos fieles.
Push the Sky Away (2013), álbum emblemático y esencial, nos muestra un halo, una suerte de paz retorcida después de los horrores (Murder Ballads, 1996), de los desamores que desgarran el alma (The Boatman’s Call, 1997) y traza un puente que podría extender, más allá de la mortalidad, su personalidad irrefrenable e incorruptible.
Este, es su primer álbum después de que el multi-instrumentalista Mick Harvey, uno de los fundadores y colaboradores más fieles de la banda, abandonara The Bad Seeds. Se nota su ausencia tocando la guitarra, teclados y batería, pero todo parece apuntar a que su lugar lo ha ocupado el violinista Warren Ellis, que se ha convertido en el principal apoyo de Cave para cambiar el rumbo del grupo. De hecho, con Ellis ya trabajó codo con codo en la composición de la banda sonora de la película The Road, que curiosamente recuerda a algunos temas de Push The Sky Away por su instrumentación y tono melancólico. Tal es la importancia del violinista, que Cave describió su nuevo trabajo como "un bebé metido en una incubadora, cuyos pequeños y temblorosos latidos de corazón son los loops de Warren Ellis". Desde el primer single, “We No Who U R”, nos percatamos de que Push The Sky Away no es como Dig, Lazarus, Dig!!!, el propio Cave dio a entender en una entrevista con el diario The Guardian que ya estaba algo cansado de su estilo con The Bad Seeds: “tocas una canción, y todo el mundo está agarrando una puta maraca”. Este sentimiento le empujó a sentirse más cómodo con el garage-rock de Grinderman y, probablemente, también tenga parte de culpa en la maduración que le ha llevado a componer una música más ecléctica y sombría.
Push The Sky Away es el regreso de un nuevo Nick Cave, más adulto en alma y cuerpo, con las mismas inquietudes que siempre, pero adaptadas a la sociedad del siglo XXI. Hay quien echará de menos más movimiento y música salvaje, pero tras esa falsa monotonía, nos presenta un disco creativo y experimental, con una instrumentación me dida al milímetro.
Fecha de lanzamiento: 18/02/2013
Discográfica: Bad Seed Ld/Popstock
Tres canciones destacadas: “Jubilee Street”, “Water’s Edge” y “We Real Cool”
Escucha el disco en Spotify.