En estos momentos cuestionándome sobre que es lo más valioso que me llevo de mi colegio luego de estar en el desde prejardín hasta undécimo, me lleno de grandes emociones, de nostalgía y sentimientos, pues son 14 años aprendiendo, jugando, creciendo y viendo crecer en todo aspecto a mis compañeros y profesores. Recuerdo mis primeros días en Prejardín, un mundo nuevo para mí, lejos de mi hogar, lo que me hacía sufrir, no permitía que mi profesora me bajara el maletín de los hombros, así llegaba y así debía volver, claro! Como no! si hay iba mi mundo, mi familia, mi hogar, mi amor entero, si me dejaba quitar el morral me iba a sentir abandonado, todo lo hacia con él sobre mi espalda, dibujaba, hacía mis actividades, jugaba, almorzaba y así sucesivamente, pobre profesora como sufría junto a mí. Pero poco a poco, me fui dando cuenta que ese nuevo mundo grande para mí en esos momentos, iba a ser parte de mi historia, de mi vida y empecé a disfrutarlo. Ya luego para mí ir al colegio era sinónimo de juego, llevaba mi morral cargado de carritos, peluches y otros juguetes de mi casa para compartir, disfrutaba de montarme en los juegos para niños, y así un paso a la vez, ya luego hasta de correr, tanto así que mi camisa y medias de educación física salían blancas de mi casa, pero llegaba gris de tanto juego, de tantos botes por la loma, porque había que dejar disfrutar el niño. La felicidad grande cuando cumplía años un compañero en primaria y teníamos partida de torta, sorpresas, rifas y muchas fotos hasta que llegó el bachillerato, nueva carga académica, giro de 180 grados en responsabilidad pero muy de la mano con la diversión, porque a eso fui a mi colegio, a aprovecharlo, a gozarme mis amigos, a reir con ellos y a llorar con nuestras penas. Ese almuerzo a toda velocidad para correr a la cancha sintética todos los días a jugarnos esos super partidos, el no escuchar el timbre para el retorno a clases y devolvernos más rápido aún, sudados, cansados pero con la sonrisa de oreja a oreja por ese pequeño momento diario vivido para mí era lo máximo.
Fundación Colegio UIS, nos permitió adquirir los conocimientos necesarios para enfrentarnos a la vida, nos preparó para el gran paso de formarnos como profesionales pero más allá de todo ello, nos enseñó a ser seres sociables, a vivir en comunidad, a respetarnos y a ser responsables. A mis profesores de toda la vida, a los que ya no están, los que de manera dulce nos enseñaron y los que con un poco más de carácter nos formaron, gracias por su dedicación, por su nobleza, por su capacidad de servicio y por compartinos sus conocimientos a través de sus enseñanzas.
A todos los que hacen parte del personal administrativo y de servicios generales, gracias por hacernos nuestros días más seguros y agradables, gracias por mantener el colegio impecable, gracias por la paciencia con cada uno de nosotros; por ùltimo, pero no por ello menos importante, a los rectores que durante estos años de mi permanencia en la institución, dirigieron con amor, compromiso y dedicación; a ellos toda mi gratitud, pues fueron verdaderos gerentes y admnistradores integrales, para ello solo basta con recorrer las instalaciones fisicas de nuestro claustro para y asi darnos cuenta, como creció, sentimiento de orgullo que percibi nuevamente, el dia que regresé para tomarme la foto de grado, luego de tantos meses de ausencia como consecuencia de la pandemia.
ARCANE