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Las palabras del presente

Las abejas

Amada Rozo Ríos. 7B
Las abejas, hacen parte del grupo taxonómico de los insectos himenópteros( sin una ubicación especifica en la categoría taxonómica) dentro de la familia de los apoideos. Estas, se pueden encontrar en todos los continentes a excepción de la Antártida, habitando donde hay plantas con flores, al alimentarse esencialmente del polen y el néctar.
Se distinguen de otros polinizadores por las setas o pelos que cubren su cuerpo, ya que, estas son plumosas y ramificadas, en donde llevan carga electrostática para que el polen se adhiera a su cuerpo, además constan de un par de ojos compuestos que ocupan gran parte de su cabeza, y entre esos, tres ocelos u ojos simples, los cuales determinan la intensidad de la luz, asimismo, el tórax tiene tres segmentos, cada uno con un par de patas y dos pares de alas en el segundo y tercer segmento, y tienen antenas y un aguijón. Estos polinizadores, también llevan un gran número de órganos de los sentidos: quimiorreceptores, órganos de olfato y gusto, y tienen la capacidad de percibir los movimientos del aire, permitiéndoles escuchar algunos sonidos a larga frecuencia.
Es común asociar a estos seres vivos con la producción de miel; sin embargo, especialistas señalan que la mayoría de ellos no fabrican este alimento, aunque desempeñan un papel fundamental en la naturaleza: la polinización. Marina Arbetman( exploradora de National Geographic), explica que, a diferencia de otros insectos, las abejas, se alimentan de diversos grupos florales. De este modo, para cubrir sus necesidades, visitan una amplia variedad de flores y contribuyen a su reproducción, lo que resulta esencial para la supervivencia y el equilibrio en la producción de alimentos. En consecuencia, todos dependemos de las abejas para vivir, aunque cada vez se ven más afectadas por nuestras acciones, especialmente por la contaminación.
Teniendo esto en cuenta, entre 2018 y 2019 el ecólogo James Ryalls y su equipo llevaron a cabo un experimento observando a los insectos que revoloteaban alrededor de plantas de mostaza negra.
Algunas parcelas estaban rodeadas de tuberías que liberaban ozono, óxidos de nitrógeno y otros gases contaminantes generados por autos y centrales eléctricas, mientras que otras solo recibían aire normal a través de sus tuberías. Los resultados evidenciaron que las plantas expuestas a contaminantes recibieron un 70 % menos de visitas de insectos y un 90 % menos en sus flores, en comparación con aquellas con aire limpio. Según Jeff Riffell,“ apenas estamos viendo la punta del iceberg, por así decirlo, en cuanto a cómo estos efectos repercuten en los polinizadores”.
Asimismo, la Comisión para el Control de la Seguridad Alimentaria de la Unión Europea( EFSA) confirmó que las muertes masivas de abejas en Europa se deben al uso de un tipo específico de fertilizantes denominados neonicotinoides, los cuales afectan el aprendizaje en el cerebro de los insectos, impidiéndoles recordar asociaciones esenciales para su supervivencia, como vincular el aroma de las flores con el alimento. Por esta razón, en 2018 la Unión Europea prohibió el uso al aire libre de tres neonicotinoides. Además de esto, las abejas también enfrentan la amenaza de ácaros que las destruyen, como el Varroa, un parásito que invade al insecto se alimenta de su sangre y transmite el virus del ala deformada.
Por otro lado, la organización para la Agricultura para la Alimentación de las naciones Unidas( FAO) plantea que hay 100 especies de cultivos que proporcionan el 90 % de alimentos de todo el mundo, y 71 de estos se polinizan con las abejas. Solo en Europa el 84 % de las 264 especies y 4000 variedades de vegetales existen gracias a la polinización de estos insectos; lo cual, deja entrever la importancia de estos animales.
En conclusión, más allá de la miel, las abejas resultan indispensables para la humanidad, pues más de tres cuartas partes de las especies que utilizamos dependen de la polinización. Sin embargo, cada vez les causamos más daño al contaminar su entorno; sin dimensionar que, si esta situación llegara a un límite, no habría manera de revertirla y recuperar la normalidad, pues su desaparición provocaría una grave crisis alimentaria.
Un ejemplo de ello ocurrió en Andalucía, en 1987, cuando se esperaba una buena cosecha de girasoles que finalmente fracasó por la ausencia de colmenas, a causa de la pérdida de abejas. Por lo que es fundamental, reflexionar en torno a que, si seguimos por este camino, no solo se verán afectadas las flores, sino también nuestro alimento; por esta razón, con el fin de generar conciencia y animar a gobiernos, organizaciones, comunidades y ciudadanos a proteger a estos polinizadores y sus hábitats, la ONU declaró el 20 de mayo como Día Mundial de la Abeja, fecha que coincide con el nacimiento de Anton Janša, pionero en el siglo XVIII de las técnicas modernas de apicultura, quien destacó el gran trabajo de las abejas y la escasa atención que recibían. No obstante, no basta con recordarlas un solo día al año: debemos ser conscientes todos los días del peligro que enfrentan y de que, sin ellas, todo estaría perdido.

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