NARRATIVO
Nicolás, un estudiante quinto primaria estaba feliz porque creyó que las clases virtuales serían mejores e imaginó que podría estar más tranquilo que en la presencialidad,” Yo celebré porque escuché que las clases iban a convertirse en reuniones por Zoom y pensé que descansaríamos más”
Después empezó a extrañar a sus compañeros porque se sentía solo y no podía jugar en los descansos como solía hacerlo antes,” Al pasar un tiempo me empecé a aburrir porque no disfrutaba los descansos con mis compañeros”.
Emilie, compañera de Nicolás opina que trabajar en la casa fue un poco difícil porque no podía distribuir bien el espacio, tenía más distracciones y de vez en cuando ocurrían problemas con su internet, “A mí me pareció difícil trabajar porque me sentía incomoda, me distraía con mi gato y otras cosas”.
“En cambio en la alternancia siento que ir al colegio me ayuda, porque al estar al lado de la profesora, a ella se le facilita explicarme los temas y resolverme las dudas, además no tengo que preocuparme por mi internet, porque sonó el teléfono o porque tocaron la puerta, lo que me permite estar más enfocada”.
La profesora de español opina que la virtualidad puede tener un efecto positivo a largo plazo, porque aprendimos a desenvolvernos y a solucionar las dificultades que la pandemia ha generado en la ejecución de las actividades de la vida cotidiana.
Pero, ella también piensa que en grados más avanzados, se deberán fortalecer algunos temas ya vistos, porque debido a los inconvenientes de la virtualidad, como la mala conexión y las distracciones del espacio hogareño que perturban un adecuado ambiente de estudio, muchos estudiantes encontraron difícil entender ciertos ejes temáticos y estas fallas de comprensión puede afectar la solidez del conocimiento requerido en grados superiores.
Adriana María, madre de un estudiante de primaria y de un universitario, opina que la virtualidad puede, a largo plazo, desmejorar la calidad del aprendizaje. Esto en relación a la dificultad de muchas personas para adquirir el conocimiento a través de estas nuevas herramientas de la comunicación, así como, las distracciones que genera compartir un mismo espacio físico con todos los miembros de la familia, para desarrollar diferentes actividades.
Juan Sebastián, un padre de familia en iguales condiciones que Adriana, piensa que este modelo educativo se va a seguir extendiendo y perfeccionando gracias a las facilidades que presenta al momento de compartir y crear documentos, además del tiempo que se puede ahorrar en desplazamientos, que pasará a aprovecharse en familia.
Un año y medio después, el virus sigue presente. En mi caso personal, considero que las clases virtuales fueron diferentes, algo entretenidas, también productivas porque aprendimos a usar y distribuir mejor el espacio y a ser más autónomos. El tiempo revelará, si las personas que entrevisté estaban en lo correcto, pero, mientras tanto, sabemos que debemos cuidarnos y proteger a los demás, practicando medidas de autoprotección como: el lavado de manos, el distanciamiento social y el uso del tapabocas.
Andrés
Noriega Valencia
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