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Un Capitán de Quince Años
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pacientemente las víctimas que no podían faltar.
Al oír aquellos rugidos, el joven grumete pensaba, con terror, en los obstáculos
que tendría que vencer Hércules para salir con vida de aquel lance.
En los altos nocturnos, Dick Sand tomaba notas de aquella travesía, que se realizó
en veinticinco etapas. He aquí sus apuntes:
Del 25 al 27 de abril: he visto una aldea rodeada por una muralla de cañaverales
en la que se han hecho dos prisioneros. La población ha huido, pero han quedado
quince muertos en el lugar.
Al otro día, al atravesar un río tumultuoso, dos mujeres unidas a la misma horca
han caído al agua. Una de ellas llevaba a su hijito en brazos. Los cocodrilos se
han deslizado rápidamente y las aguas se han teñido de sangre.
28 de abril: la marcha hoy ha sido en extremo penosa, debido al terreno
pantanoso y a una fuerte lluvia.
He podido ver a la pobre Nan, que se arrastra con dificultad en el centro de la
columna, levando un negrito en sus brazos. La esclava encadenada con ella lleva
la espalda desgarrada por los latigazos.
29 y 30 de abril: el invierno africano deja sentir sus primeros fríos. Termina la
estación lluviosa, pero las llanuras se ven aún extensamente inundadas.
Ninguna señal de la señora Weldon, ni del señor Benedicto. ¿Dónde estarán?
¿Vivirá aún el pequeño Jack? La inquietud me devora.
Del 1 al 6 de mayo: no se ve el límite de la llanura inundada y hay que caminar en
las tinieblas. Cuando se caen, ¿por qué levantarse? Algunos instantes más bajo
las aguas y todo ha terminado. Mañana faltarán muchos esclavos en la caravana.
Mis fuerzas también se debilitan, pero mi deber es resistir hasta el final.
En las tinieblas resuenan espantosos gritos de angustia. Doce o quince cocodrilos
se han arrojado sobre el flanco de la caravana, apresando a cuantos han podido.
Del 7 al 8 de mayo: se ha hecho un recuento, comprobándose que veinte esclavos
han desaparecido. He buscado a Tom y a los otros. ¡Están vivos! ¡Loado sea Dios!
Tom ha podido verme a su vez. Busco a la anciana Nan, que no veo por ninguna
parte. ¿Habrá muerto?
Por fin, hoy la llanura inundada queda atrás y acampamos sobre una colina. El sol
nos seca un poco y nos es servido algo de mandioca y unos puñados de maíz.
Sólo puede beberse agua enturbiada.
No es posible que la señora Weldon y su hijo hayan pasado tantas privaciones. La
valerosa mujer no habría podido resistirlo.
9 de mayo: al amanecer se ha reanudado la marcha sin rezagados, porque el
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