UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 82
Un Capitán de Quince Años
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disciplina en aquellos ejércitos de africanos, los cuales amenazaban con
abandonar el puesto, obligando a sus superiores a satisfacer toda clase de
exigencias.
En la caravana en que iban Tom y sus Compañeros, Nan, la sirvienta de la señora
Weldon, arrastrando sus cadenas, y Dick, fuertemente vigilado, se veían pocos
hombres maduros.
Los cautivos apenas iban vestidos y su estado era lamentable. Niños pálidos y
demacrados con los pies sangrantes, a quienes sus madres procuraban llevar en
brazos al mismo tiempo que la carga que se les obligaba a transportar. Mujeres
cubiertas de llagas debidas al látigo de los havildares. Jóvenes fuertemente
amarrados por una horca más torturante que la cadena del presidio. Esqueletos de
ébano, miserias...
Ante aquella perspectiva, Dick Sand comprendió que era inútil intentar escapar. Y
además, ¿cómo encontraren aquellas condiciones a la señora Weldon?
Seguramente que ella y su hijo habían sido raptadas por Negoro, que había tenido
buen cuidado de separarles de sus compañeros por razones que el joven grumete
no podía comprender. No obstante, estaba seguro de que Negoro intervenía en el
asunto.
Lo que el joven ignoraba era si Negoro y Harris dirigían por sí mismos aquella
caravana. Si Dingo hubiese estado allí hubiera descubierto a Dick la proximidad
del maldito portugués.
Sólo Hércules estaba en libertad, pero con muy pocas posibilidades de éxito si
intentaba acudir en su ayuda. No podía dudar de la abnegación del formidable
negro, y Dick estaba seguro de que Hércules haría en favor de la señora Weldon y
de sus compañeros todo cuanto humanamente le fuese posible.
Por otra parte, Dick sabía que el principal mercado de los tratantes era el de
Ñangue, en el Manyema, sobre el meridiano que divide en dos partes iguales el
continente africano.
¿Se dirigían hacia aquel lugar?
Sin embargo, aunque los cuidadores de la caravana hablaban unas veces en
árabe y otras en dialectos africanos, observó que con frecuencia era pronunciado
el nombre de un mercado de aquella importante región: Kazonndé.
Esto le hizo suponer que era hacia aquel lugar a donde se dirigían los prisioneros
y que quizá sería allí donde se decidiría su suerte.
Como sea que el grumete, por sus estudios, conocía muchos detalles de la
geografía moderna, pudo orientarse con bastante exactitud, sacando la conclusión
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