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Un Capitán de Quince Años
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XV
EXTRAÑA FAUNA
Si bien la señora Weldon estaba algo inquieta por los excesos de fiebre de su hijo,
conservaba una cierta tranquilidad al pensar que aquella misma noche del día que
empezaba, 18 de abril, se encontrarían a cubierto en la "Hacienda San Felice".
Aquel viaje que duraba ya doce días tocaba a su fin y era mejor pensar en el
futuro que en las privaciones pasadas.
Harris se mantenía fresco y los restantes expedicionarios soportaban bien las
fatigas de la larga caminata.
Después del desayuno se reanudó la marcha por aquella selva, que ahora se
presentaba menos espesa con los árboles diseminados, sin formar ya
impenetrables frondas.
Ningún incidente agravó las inquietudes de Dick en las primeras horas del día.
Sólo dos hechos que tal vez no tuviesen excesiva importancia, fueron observados
por él.
En primer lugar, le llamó la atención la actitud de Dingo.
El perro, que hasta entonces parecía ir siguiendo una pista llevando el hocico junto
al suelo, lo levantaba ahora para husmear el aire. Parecía agitado y se le erizaba
el pelo.
Las miradas de Dick Sand y de Tom se cruzaron como llevadas por un mismo
presentimiento.
-Diríase que olfatea a lo lejos -observó Tom.
-A Negoro ¿no es cierto? -inquirió el grumete, mientras hacía una seña a su
compañero para que no levantase la voz.
Tom asintió.
-Creo que este hombre no debe andar muy lejos -comentó Dick-. Y ello puede
deberse a varios motivos. A que no conoce el país, en cuyo caso habrá tenido
mucho interés en no perdernos de vista, o que lo conoce muy bien, y entonces...
Tom no podía ocultar su ansiedad.
- ¿Cómo sería posible que Negoro conociera esta región si nunca ha estado en
ella?
Una mueca de ironía se perfiló en el rostro de Dick. Llamó a Dingo y le azuzó:
-¡Eh! ¡Negoro! ¡Negoro!
Aquel nombre produjo en el perro el efecto habitual. Lanzó un furioso ladrido y se
abalanzó hacia delante, como si el portugués estuviese oculto en aquella maleza.
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