UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Página 56
Un Capitán de Quince Años
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Sin ningún suceso extraordinario transcurrieron las jornadas hasta el día 12 de
abril, durante las cuales no se recorrieron más que ocho o nueve millas cada doce
horas. El cansancio empezaba a dejarse sentir, especialmente en el pequeño
Jack, pese a que la salud en todos era aún muy satisfactoria.
- ¿Todavía no llegamos a los pájaros mosca y al árbol de la goma? -preguntaba
sin cesar el pequeño Jack. El jovencito tenía sus razones para protestar, porque
no se cumplían las promesas que Harris le había hecho durante el viaje. Los
pájaros mosca y los juguetes de caucho parecían ir siempre por delante de la
expedición y tampoco se veían los papagayos que le habían prometido enseñar y
que debían de faltar en aquellas selvas. ¿Dónde estaban los papagayos de
plumaje verde, casi todos originarios de aquellas regiones? ¿Y los guacamayos, y
los camindes, y las cotorras y todos los pájaros parlantes que, según dicen los
indios, hablan todavía el lenguaje de las tribus extinguidas?
Sin otras novedades transcurrieron otros cuatro días. La caravana seguía hacia el
Nordeste, pudiendo calcularse que el 16 de abril se había hecho un recorrido, al
menos, de cien millas. En consecuencia, si Harris no se había extraviado -cosa
que negaba sin vacilar-, la "Hacienda de
San Felice" debía encontrarse sólo a unas veinte millas del punto donde
acamparon aquel día. Por lo tanto, antes de dos días los expedicionarios
encontrarían un cobijo confortable donde poder descansar de las fatigas pasadas.
Dick seguía pensando que si hubiesen encallado en otro punto del litoral, no
habrían faltado pueblos o aldeas donde haría muchos días que la señora Weldon
y sus compañeros habrían encontrado asilo.
Ahora atravesaban una región que si bien continuaba pareciendo abandonada por
el hombre, estaba cada vez más frecuentada por animales.
Harris tenía contestación adecuada para todas las preguntas que se le
formulaban. Sin embargo, aquel día las explicaciones del americano no
convencieron a Dick Sand, hasta el punto de llevarle a una enérgica discusión.
El joven grumete, llevado por su afán de saber cuanto ocurría a su alrededor, se
separó un momento del grupo y aunque de un modo imperfecto, pudo vislumbrar
tres o cuatro animales de gran tamaño que aparecieron entre la maleza a un
centenar de pasos de la caravana. Corrían a notable velocidad y pronto
desaparecieron.
Dick Sand, sin hacer caso de las recomendaciones del americano, hizo fuego
sobre uno de aquellos animales, al que, a pesar de su magnífica puntería, no pudo
herir, porque Harris, con una rapidez increíble, le desvió el arma al tiempo que
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