UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 54
Un Capitán de Quince Años
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faltar un árbol, el syphonia elástica, o árbol del caucho, entre otras especies
similares que tanto abundan en América meridional.
Dick Sand, que había prometido a su amigo Jack enseñarle los árboles de la
goma, se hallaba un poco contrariado al no ver ni uno solo.
-Paciencia, chico -decía Harris, riendo-, ya encontraremos caucho a montones en
los alrededores de la hacienda.
Harris había cogido un fruto de un árbol, que ofreció al pequeño Jack.
La señora Weldon se interesó por saber si aquel fruto era comestible.
- ¡Oh! No tema, señora -y el americano lo mordió, al tiempo que afirmaba-: Esto es
un mango.
El bosque cambiaba de aspecto y entre los árboles menos espesos aparecían
grandes claros. En algunas alturas abundaba la zarzaparrilla que formaba un
intrincado enmarañamiento.
Al ponerse el Sol, la caravana se encontraba a unas ocho millas del punto de
partida, habiendo efectuado aquel recorrido sin ningún incidente.
Para descansar no se encontró mejor abrigo que el de un enorme mango, cuyas
amplias ramas formaban un cobijo natural donde poder refugiarse.
Cuando la caravana irrumpió entre aquel follaje, una bandada de papagayos
surgió de la copa del árbol entre un escandaloso concierto. Tantos eran los gritos
de aquellos animales que Dick Sand estuvo a punto de disparar su fusil para
ahuyentarlos, pero Harris, con un enérgico gesto, le hizo desistir de su propósito.
-No es conveniente manifestar nuestra presencia -dijo-. No es conveniente hacer
ruido.
Una vez instalados, comieron con apetito las conservas y galletas que llevaban
como aprovisionamiento, tomando como postre suculentos frutos del mango. En
cuanto al agua, un arroyuelo que serpenteaba cerca de allí les suministró la
necesaria, que no fue bebida sino después de agregarle algunas gotas de
aguardiente.
Al intensificarse la oscuridad les obligó a efectuar los preparativos para
confeccionar unos rudimentarios lechos.
- ¿Será conveniente encender una hoguera, no le parece? -preguntó Dick
al americano.
-No lo juzgo necesario y, además, no es conveniente. Para pasar sin ser vistos si
algún indígena merodea por aquí, lo mejor será no encender hogueras ni disparar
tiros.
- ¿Y las fieras? -preguntó entonces la señora Weldon. Harris esbozó una sonrisa.
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