UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 50

Un Capitán de Quince Años www.infotematica.com.ar atravesamos la selva. Dick no se daba por vencido ya que no le hacía mucha gracia dejar el litoral, pero como sea que Harris indicó que por la costa no era fácil encontrar ninguna ciudad a menos de trescientas o cuatrocientas millas, tuvo que rendirse a la evidencia, aunque con cierta preocupación. -Mi nombre es Harris y he nacido en Carolina del Sur. Hace veinte años que vine a este país y por eso me alegra tanto encontrarme con compatriotas. En este momento me dirijo a Atacama, en la parte nordeste, aunque mi residencia habitual está en el sur, en la misma frontera chilena. Harris, atendiendo a las preguntas que le dirigían la señora Weldon y Dick explicó que con mucha frecuencia hacía viajes sin ninguna compañía por aquellos lugares, indicando que a doscientas millas de donde se encontraban, un hermano suyo tenía una importante finca denominada "Hacienda de San Felice" a la que se ofreció a acompañar a los náufragos, donde les aseguró que serían bien recibidos y desde donde no les faltarían medios de transporte para llegar a la ciudad de Atacama. Estos ofrecimientos, hechos de un modo espontáneo, ganaron la confianza del grupo. - ¿Son esclavos suyos estos negros? -preguntó el americano. La señora Weldon le recordó que hacía mucho tiempo que en Estados Unidos no había esclavitud y que aquellos negros no estaban ni aun a su servicio. La proposición de aquel hombre hacía cavilar a Dick al pensar que un recorrido de más de doscientas millas por entre la selva había de resultar sumamente fatigoso. Así lo hizo constar. -Poseo un caballo -contestó Harris- que he dejado paciendo al lado del riachuelo. Lo pongo a disposición de la señora Weldon y su hijo. Los hombres podremos cubrir la distancia a pie, teniendo en cuenta, además, que las doscientas millas que nos separan de la hacienda quedarán reducidas a ciento veinte si atravesamos la selva. Dick no se daba por vencido ya que no le hacía mucha gracia dejar el litoral, pero como sea que Harris indicó que por la costa no era fácil encontrar ninguna ciudad a menos de trescientas o cuatrocientas millas, tuvo que rendirse a la evidencia, aunque con cierta preocupación. Finalmente fueron aceptados los servicios del americano, y se acordó que para no perder tiempo era conveniente partir de inmediato. Mientras la señora Weldon preparaba el desayuno, que Harris aceptó compartir, 50