contar a sus compañeros! ¿Qué no
habían pasado esta vez? ¡Bah!, otra vez
será. Pero el incendio vino desde la
zona. ¡Y eso era intrigante! Eso era
como para excitar la curiosidad. Un día
pasaremos, sí, pasaremos; seguro…
—¡Pasaremos! —dijo Raclot.
—Sí, un día pasaremos —repitió
Grisón.
En la primera granja del pueblo,
cerca del gran castaño, cuando
empezaba a anochecer, Raclot se detuvo
y cogió a Grisón por los hombros. El
grandullón dijo al más pequeño:
—Yo soy el jefe de la banda pero, si
quieres, tú serás mi ayudante.