Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Seite 242
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En los días que siguieron, Will y Chester cuidaron de Cal, dándole de comer aquella
comida de aspecto y sabor indefinido con que les proveían Drake y Elliott. El no
quería otra cosa que seguir durmiendo en su estrecho catre, pero los muchachos le
obligaron a hacer ejercicio. Dando pasos torpes y desgarbados, como si los pies no lo
sostuvieran, Cal los miraba de mala uva.
Empezó a hablar con más claridad y su piel fue perdiendo poco a poco el color
azul. Drake se acercaba cada día para informarse de cómo iba, y después se llevaba a
uno de los otros en expediciones de reconocimiento para que fueran «enterándose de
lo que hay», como decía él.
Durante una de aquellas salidas con Chester, Will aprovechó la oportunidad para
tener unas palabras con su hermano.
—Sé que estás despierto —le dijo a Cal, que se hallaba tendido en la cama de cara
a la pared—. ¿Qué opinas de Drake?
El niño no respondió.
—Te he preguntado qué piensas de Drake.
—Parece guay —murmuró Cal al cabo de un rato.
—Bueno, yo pienso que es mejor que guay —comentó Will—. Me dijo que en las
Profundidades hay muchos que te rebanarían el pescuezo por quedarse con lo que
llevas en la mochila. Eso si no te encuentran primero los Limitadores.
—Mmm —gruñó Cal, no muy convencido.
—Pero me parece que deberías saber que si no dejas de pasarte el día pensando en
las musarañas y no te da la gana de levantarte, puede que a Drake se le acabe la
paciencia.
Cal se volvió para mirar a Will, con los ojos imbuidos en una furia repentina.
—¿Es una amenaza? ¿Me estás amenazando? ¿Qué va a hacerme, enviarme a freír
espárragos? —dijo sentándose en la cama como un rayo.
—Sí, eso exactamente —respondió Will.