Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 233
de arsenal, y al echar un vistazo Will vio estantes con cantidades inmensas de aquellos
extraños cilindros, como el que Elliott había intentado pasarle en la plaza de los Palos
de la Cruz. También había trajes grises desinflados que Will reconoció como los
mismos que llevaban los coprolitas, y toda clase de cinchas, rollos de cuerda y petates;
todo colgaba en filas bien ordenadas.
Al seguir detrás de Drake, Will descubrió a Elliott por entre las dos literas. Le daba
la espalda, y el chico vio que se había quitado la chaqueta y los pantalones y los estaba
colocando en un armario de la pared. Llevaba puestos una camiseta de color marfil y
unos pantalones cortos, y Will no pudo evitar fijarse en sus piernas delgadas y
musculosas. Las tenía sucias y, como el rostro de Drake, parecían tener un impactante
número de cicatrices, cuyo blanco brillaba frente al marrón rojizo del polvo que
cubría cada centímetro de piel. Desconcertado de verla así, Will se quedó parado, pero
entonces notó que Drake lo miraba a él atentamente.
—Siéntate —ordenó, indicando un lugar junto a la pared, mientras Elliott salía de
entre las literas.
La chica tenía un rostro sorprendentemente femenino, con los pómulos altos y
labios suaves y carnosos bajo una fina nariz. Will vio el destello de sus ojos oscuros
en el instante en que le dirigieron a él una rápida mirada. Después Elliott bostezó y se
pasó la mano por el pelo negro muy corto. Tenía los brazos y las muñecas tan
menudos que a Will le costaba trabajo creer que estuviera mirando a la misma persona
que cargaba con aquel largo rifle como si fuera una caña de bambú.
Su mirada se posó en la parte superior del brazo, en cuyo bíceps tenía una
hendidura muy profunda. La piel que le cubría el hueco estaba llena de unos frunces
rosados e irregulares, y la superficie era áspera, como si hubieran vertido dentro cera
derretida. Lo primero que se le ocurrió pensar a Will fue que había recibido una
mordedura, y de un animal de buen tamaño.
Pero todo cuanto notó en ella quedó empequeñecido por el hecho sorprendente de
que, a los ojos de Will, ella parecía joven, tal vez tan sólo un poco mayor que él. Era
lo último que habría esperado, dada su intimidante presencia allí fuera, en la Llanura
Grande.
—¿Bien? —le preguntó Drake a Elliott, mientras volvía a bostezar y se rascaba el
hombro distraída.
—Sí. Me voy a dar una ducha —contestó, yendo descalza hacia la puerta sin
volver a mirar a Will, que se había quedado con la boca abierta.