Dos tiros
Los pasos de los caballos se escuchaban cada vez más fuertes .
“ Ahí está . ¡ Vamos ! ¡ Rápido !” grita Godoy . Estuvo esperando a su víctima por más de una hora desde su ventana . Finalmente aparece . Godoy se levanta y toma su escopeta . “¡ Levántense ! ¡ Dale pues !” exclama Godoy a sus cómplices . Molas estaba paralizado y empapado de sudor . Nunca le pareció buena idea cometer el delito en la mañana , especialmente con el calor agobiante que los sofocaba . Pero ya era tarde . No demorarían el plan otros días más . Además , la confianza de Godoy le transmitía la seguridad de que todo saldría bien .
Por la ventana , desde lejos , se podían observar cinco hombres montados sobre sus caballos siguiendo a su jefe , quien frecuentemente pasaba por esta calle en el centro de Asunción .
Godoy y sus cómplices salieron a la calle . Los hombres en sus caballos se acercaban cada vez más . La escopeta se sentía más pesada que nunca . Godoy respira profundamente ; “¡ Ahora !”, exclama . El jefe en su caballo , antes de que pudiera comprender lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos , siente dos perforaciones profundas en el pecho y un dolor agudo . Sus edecanes gritan hasta quedarse sin voz . Algunos saltan de sus caballos para ver si su jefe estaba bien , mientras que otros desesperadamente parten a buscar ayuda .
En medio de esta conmoción , Godoy aprovecha para robarse uno de los caballos . El caballo de Molas , espantado por los disparos , escapa asustado .
“ Vení , ¡ subíte !” exclama Galeano , otro de los cómplices , desde su caballo . Y así , al galope , huyen los asesinos rápidamente de la escena del crimen .
En menos de un minuto , la calle queda vacía y silenciosa . Solo se escuchan los suspiros de los hombres que rodean al cuerpo muerto .
En plena luz del día , tras dos tiros de escopeta , termina la presidencia de Juan Bautista Gill .
Por Gerónimo Gorostiaga
Travesía • revista estudiantil 59