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Defensor de reos pobres
“¡ Estamos libres !” Las voces provenían de unas celdas hacia mi izquierda . Desde mi lugar , confinado , lo único que veía era un muro de ladrillos , pero mi audición tenía más alcance . Además de los gritos , escuchaba los golpazos de las rejas contra la pared y los candados contra el piso . En ese momento supe que algo andaba mal . Si nos estaban liberando era porque tramaban algo ; jamás nos dejarían salir así porque sí . Todos pensaban que esto era real , pero yo sabía que era una farsa …
Hace como cinco días , la suegra del general Escobar me había mandado flores , y escondida entre ellas estaba una esquela donde me contaba que en el consejo decidieron mi muerte y la de mis protegidos . Desde aquel día , yo estaba esperando pacientemente a que algo extraño suceda . “¿ Cómo será ?”, me cuestionaba a mí mismo . “¿ Cuándo llegará ese día fatal ?”, me preguntaba . Pero al mismo tiempo yo sabía que no debía dejar que esa ansiedad me consumiera . Con paciencia lo iba a solucionar . Yo estaba esperando el apoyo de la gente , esperando que mi asesinato no se concrete . Sin embargo , había una gran probabilidad de que sí ocurra . El gobierno estaba en mi contra desde hace ya un tiempo . Ya que se atrevieron a encerrarme , haría muy poca diferencia matarme también .
De repente , empezaron a sonar disparos que interrumpieron mi análisis de los días anteriores . Tales explosiones confirmaban mis sospechas . Llegó el día .
Concentrado en lo que ocurría , conté veintinueve balazos . También escuché sonidos raspantes ; seguramente tenían cuchillos o hachas . Los gritos me clavaban los oídos . “¿ Quién habrá sido ese ?” pensé con pena y agitación . Escuchaba un fusil cada vez más cerca . Un grito , dos gritos , y un tercer grito desesperante . “ Ese sonó a Galeano ,” me dije a mí mismo . Y al oír un estruendo sordo afuera , me pregunté si lo tiraron por la ventana . ¡ Qué salvajes ! ¿ Por qué tanta violencia ?
“ Peyucá catú pe añara ’ yty ,” ordenó uno de los asesinos . Al segundo aparece Riquelme , pupilo del Gral . Caballero , con un farol en mi cuarto . Y atrás de él , seis soldados . “ Sí , lo esperado ,” me dije . Los soldados son los asesinos , los verdaderos criminales . Apenas tuve tiempo de pensar cuando me pegaron a través de la reja . Caí en mi cama , y cuando abrieron la reja me dispararon . Apenas escuché al soldado decir , “ Ndo manói gueterí , ya yucamandi de una vez ”. En ese momento , desangrándome , mi cabeza se inundó de memorias , de eventos y de todo lo que hice en mi vida . Pero , ¿ hice lo suficiente ? Todos los planes que tenía para hacer para el país . Todo lo que quedaba por hacer . No lo voy a poder hacer . ¿ Será que hice los suficiente ?
Me apuntó a la frente . ¡ Carajo ! No estoy listo para morir . Por Ambar Delmás
Travesía • revista estudiantil 57