Tom Sawyer
www.librosmaravillosos.com
Mark Twain
Pero los otros le dijeron que los trajes lujosos lloverían a montones en cuanto
empezasen sus aventuras.
Le dieron a entender que sus míseros pingos bastarían para el comienzo, aunque
era costumbre que los piratas opulentos debutasen con un guardarropa adecuado.
Poco a poco fue cesando la conversación y se iban cerrando los ojos de los
solitarios. La pipa se escurrió de entre los dedos de Manos Rojas y se quedó
dormido con el sueño del que tiene la conciencia ligera y el cuerpo cansado. El
Terror de los Mares y el Tenebroso Vengador de la América Española no se
durmieron tan fácilmente. Recitaron sus oraciones mentalmente y tumbados, puesto
que no había allí nadie que los obligase a decirlas en voz alta y de rodillas; verdad
es que estuvieron tentados a no rezar, pero tuvieron miedo de ir tan lejos como
todo eso, por si llamaban sobre ellos un especial y repentino rayo del cielo. Poco
después se cernían sobre el borde mismo del sueño, pero sobrevino un intruso que
no les dejó caer en él: era la conciencia. Empezaron a sentir un vago temor que se
habían portado muy mal escapando de sus casas; y después, se acordaron de los
comestibles robados, y entonces comenzaron verdaderas torturas.
Trataron de acallarlas recordando a sus conciencias que habían robado antes
golosinas y manzanas docenas de veces; pero la conciencia no se aplacaba con
tales sutilezas. Les parecía que, con todo, no había medio de saltar sobre el hecho
inconmovible que apoderarse de golosinas no era más que «tomar», mientras que
llevarse jamón y tocinos y cosas por el estilo era, simple y sencillamente, «robar» y
había contra eso un mandamiento en la Biblia. Por eso resolvieron en su fuero
interno que, mientras permaneciesen en el oficio, sus piraterías no volverían a
envilecerse con el crimen del robo. Con esto la conciencia les concedió una tregua, y
aquellos raros a inconsecuentes piratas se quedaron pacíficamente dormidos.
94
Preparado por Patricio Barros