TOM SOWYER Tom Sawyer - Mark Twain | Page 87

Tom Sawyer www.librosmaravillosos.com Mark Twain darle motivo de decir algo a Becky; pero el atolondrado rapaz no vio el cebo. Tom siguió en acecho, lleno de esperanza cada vez que una falda revoloteaba a lo lejos, y odiando a su propietaria cuando veía que no era la que esperaba. Al fin cesaron de aparecer faldas, y cayó en desconsolada murria. Entró en la escuela vacía y se sentó a sufrir. Una falda más penetró por la puerta del patio, y el corazón le pegó un salto. Un instante después estaba Tom fuera y lanzado a la palestra como un indio bravo: rugiendo, riéndose, persiguiendo a los chicos, saltando la valla a riesgo de perniquebrarse, dando volteretas, quedándose en equilibrio con la cabeza en el suelo, y en suma, haciendo todas las heroicidades que podía concebir, y sin dejar ni un momento, disimuladamente, de observar si Becky le veía. Pero no parecía que ella se diese cuenta; no miró ni una sola vez. ¿Era posible que no hubiera notado que estaba él allí? Trasladó el campo de sus hazañas a la inmediata vecindad de la niña: llegó lanzando el grito de guerra de los indios, arrebató a un chico la gorra y la tiró al tejado de la escuela, atropelló por entre un grupo de muchachos, tumbándolos cada uno por su lado, se dejó caer de bruces delante de Becky, casi haciéndola vacilar. Y ella volvió la espalda, con la nariz respingada, y Tom le oyó decir: « ¡Puff Algunos se tienen por muy graciosos... ¡siempre presumiendo!» Sintió Tom que le ardían las mejillas. Se puso en pie y se escurrió fuera, abochornado y abatido. 87 Preparado por Patricio Barros