Tom Sawyer
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Mark Twain
-Sí, Tom, debías haberlo hecho -dijo Mary, y creo que no habrías dejado de hacerlo
si llegas a pensar en ello.
-¿De veras, Tom? -dijo tía Polly con expresión de viva ansiedad- Dime, ¿lo hubieras
hecho si llegas a acordarte?
-Yo..., pues no lo sé. Hubiera echado todo a perder.
Tom, creí que me querías siquiera para eso -dijo la tía con dolorido tono, que
desconcertó al muchacho-.
Algo hubiera sido el quererme lo bastante para, pensar en ello, aunque no lo
hubieses hecho.
-No hay mal en ello, tía --alegó Mary; es sólo el atolondramiento de Tom, que no ve
más que lo que tiene delante y no se acuerda nunca de nada.
-Pues peor que peor. Sid hubiera pensado, y Sid hubiera venido, además. Algún día
te acordarás, Tom, cuando ya sea demasiado tarde, y sentirás no haberme querido
algo más cuando tan poco te hubiera costado.
-Vamos, tía, ya sabe que la quiero -dijo Tom.
-Mejor lo sabría si te portases de otra manera.
-¡Lástima que no lo pensase! -dijo Tom, contrito-; pero, de todos modos, soñé con
usted. Eso ya es algo, ¿eh?
-No es mucho...: otro tanto hubiera hecho el gato; pero mejor es que nada. ¿Qué
es lo que soñaste?
-Pues el miércoles por la noche soñé que estaba usted sentada ahí junto a la cama,
y Sid junto a la leñera, y Mary pegada a él.
Y es verdad que sí. Así nos sentamos siempre. Me alegro que en sueños te
preocupes, aunque sea tan poco, de nosotros.
-Y soñé que la madre de Joe Harper estaba aquí.
-¡Pues sí que estaba! ¿Qué más soñaste?
-La mar. Pero ya casi no me acuerdo.
-Bueno; trata de acordarte. ¿No puedes?
-No sé cómo me parece que el viento..., el viento sopló la..., la...
-¡Recuerda, Tom! El viento sopló alguna cosa. ¡Vamos!
Tom se apretó la frente con las manos, mientras los otros permanecían suspensos,
y dijo al fin:
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Preparado por Patricio Barros