Tom Sawyer
www.librosmaravillosos.com
Mark Twain
Permanecieron sentados, sin moverse, sobrecogidos, en anhelosa espera. Más allá
del resplandor del fuego todo desaparecía en una negrura absoluta. Una temblorosa
claridad dejó ver confusamente el follaje por un instante y se extinguió en seguida.
Poco después vino otra algo más intensa, y otra y otra la siguieron. Se oyó luego
como un débil lamento que suspiraba por entre las ramas del bosque, y los
muchachos sintieron un tenue soplo sobre sus rostros, y se estremecieron
imaginando que el Espíritu de la noche había pasado sobre ellos. Hubo una pausa,
un resplandor espectral convirtió la noche en día y mostró nítidas y distintas hasta
las más diminutas briznas de hierba, y mostró también tres caras lívidas y
asustadas. Un formidable trueno fue retumbando por los cielos y se perdió, con
sordas repercusiones, en la distancia. Una bocanada de aire frío barrió el bosque
agitando el follaje y esparció como copos de nieve las cenizas del fuego. Otro
relámpago cegador iluminó la selva, y tras él siguió el estallido de un trueno que
pareció desgajar las copas de los árboles sobre las cabezas de los muchachos. Los
111
Preparado por Patricio Barros