Tom Sawyer
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Mark Twain
mismo para no dormirse, y después se echó a andar, fatigado de la larga caminata,
hasta la isla. La noche tocaba a su término; ya era pleno día cuando llegó frente a la
barra de la isla. Se tomó otro descanso hasta que el sol estuvo ya alto y doró el
gran río con su esplendor, y entonces se echó a la corriente. Un poco después se
detenía, chorreando, a un paso del campamento, y oyó decir a Joe:
-No; Tom cumplirá su palabra y volverá, Huck. Sabe que sería un deshonor para un
pirata, y Tom es demasiado orgulloso para eso. Algo trae entre manos. ¿Qué podrá
ser?
-Bueno; las cosas son ya nuestras, sea como sea, ¿no es verdad?
-Casi, casi; pero todavía no. Lo que ha escrito dice que son para nosotros si no ha
vuelto para el desayuno.
-¡Y aquí está! -exclamó Tom, con gran efecto dramático, avanzando con aire
majestuoso.
Un suculento desayuno de torreznos y pescado fue en un momento preparado, y
mientras lo despachaban Tom relató (con adornos) sus aventuras. Cuando el cuento
acabó, el terceto de héroes no cabía en sí de vanidad y orgullo. Después buscó Tom
un rincón umbrío donde dormir a su sabor hasta mediodía, y los otros dos piratas se
aprestaron para la pesca y las exploraciones.
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Preparado por Patricio Barros