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E l simbolismo del tinkuy en la cerámica X auxa
sión del hombre mantarino existe un sincretismo religioso entre el cristianis-
mo y “paganismo” enteramente popular. El mundo del pasado está ilustrado
con una extensa narración popular en relación a seres sobrenaturales (Uman
tac-tac, jarjarias o qarqachas, brujas o laiccas, sortilegios, lugares encantados,
puquios, huancas y huamanis, mallquis entre otros), predicción de aconteci-
mientos naturales (de tipo meteorológico, sueños, llegadas de aves, parada
del búho y el taparaco en la casa; canto del grillo y de las ranas, por ejemplo)
constituyen rezagos de antiguas costumbres andinas que dinamizaban la vida
cotidiana de hombres que vivieron en este segmento del valle de Jauja.
En la presente tesis se comprueba que a través de la metodología ico-
nográfica fina es posible rescatar parte de la mentalidad y cosmovisión de los
antiguos habitantes Xauxa, con divisiones binarias, ternarias y cuatripartitas,
informándonos de cómo era la concepción de la tierra, el medio físico, la
religión y principalmente de una cultura propiamente oral. Es decir, los testi-
monios de las gentes, constatando que estas antiguas tradiciones están siendo
olvidadas y que la principal fuente de información ha sido las personas más
ancianas. Mientras que los jóvenes sufren el impacto del modernismo de las
comunicaciones, la radio, la televisión, celulares y el servicio de internet, asi-
milándolos a la civilización urbana.
Ahora bien, desde el punto arqueológico se observa que las “figuras
zooantropomorfas” representan claramente a individuos o divinidades de am-
bos sexos, con rasgos estilizados, de preferencia con cabezas bilobadas, nariz
pronunciada de un ave rapaz, ojos incisos oblicuos y alargados, boca pe-
queña. Estos personajes portan en sus brazos diversos objetos: especie de
tacapes, cabezas trofeos, flautas, animales, bastones o caxos y otros objetos
ovales (¿tantahuahuas? o ¿el sancu?) no identificados. Los órganos sexuales
son bien representados (Cáceres et. al. 1989: 16). Sin embargo, todos estos
investigadores jaujinos y el arqueólogo norteamericano Browman, se aboca-
ron a una simple descripción y no aplicaron el método iconográfico.
Se percibe que los machos, además de poseer órganos de pene y es-
crotos, tienen la cabeza más hendida que las hembras, nariz prominente y
aguda, portan cabezas-trofeos, un tacape o quilcascaxo, cuerpo esqueletizado
por bandas marrones y exhiben el símbolo del tinkuy. Estos cuerpos esque-
letizados nos recuerdan a los karkanchas mochicas. En cambio, las hembras
exhiben dos tupus, cráneo poco hendido y nariz prominente y más alto, un