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Descuidos y reproches fueron a parar en la cima, un felino regó sus rugidos en el murmullo gradiente de las vísperas, hasta las corridas se apartaban de su imponente presencia. A rastras llegaron unas hojas, cuánta voz logró trepar sus aguas, y cuántos remolinos entraron de sus precarias ambiciones. Rojo, es tu aire silente, abrazaste mis distancias en aquel cerro perdido, como tú en las manos de algún tratador de inocencias, o es un hambre hacia otros parques desligados a las memorias pardas que zanjan un funeral; para una muerte de lentas miradas, hipnotizadas en el reflejo de las paredes ciegas a su tiempo. Piérdete en esas lagunas sin fondo y no me esperes, que ya te dejé y no quiero esperarte, a mí también me raptaron estas tierras de poca espesura, ahí voy volando en direcciones contrarias, de vez en cuando bajaré a pescarte en los recorridos hacia Chilipampa o a la garganta de Chukuspa donde regué mi infancia entre la larga caminata del sol a la luna. 169