Descuidos y reproches fueron a parar en la cima,
un felino regó sus rugidos en el murmullo gradiente de las vísperas,
hasta las corridas se apartaban de su imponente presencia.
A rastras llegaron unas hojas,
cuánta voz logró trepar sus aguas,
y cuántos remolinos entraron de sus precarias ambiciones.
Rojo, es tu aire silente,
abrazaste mis distancias en aquel cerro perdido,
como tú en las manos de algún tratador de inocencias,
o es un hambre hacia otros parques desligados a las memorias pardas
que zanjan un funeral;
para una muerte de lentas miradas,
hipnotizadas en el reflejo de las paredes ciegas a su tiempo.
Piérdete en esas lagunas sin fondo y no me esperes,
que ya te dejé y no quiero esperarte,
a mí también me raptaron estas tierras de poca espesura,
ahí voy volando en direcciones contrarias,
de vez en cuando bajaré a pescarte en los recorridos
hacia Chilipampa o a la garganta de Chukuspa
donde regué mi infancia entre la larga caminata del sol a la luna.
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