A veces me tengo en cuenta en los solariegos roces del sol,
sin tenerte confundida.
Es mirarte un impulso escapado de mi existencia,
ya no son extensos tus ojos
ni tu ira me hace sonreír.
Estoy de negro para los ojos que ven demasiada luz,
para que el sol me note en el espacio exacto,
estoy de negro porque cabías en mis lunares,
en mis lagunas que no te mencionaron.
Gracias a ti brillan mis noches en soledades
y te he olvidado más de veinte veces,
hasta he querido pensarte.
Entenderás que partí en busca del sol,
también entenderás que estas cosas dan mucha vuelta,
y estoy nuevamente contemplando tu reír,
en la inmensa nostalgia que me provocaste,
en la bienvenida de tus brazos,
en el destello del ichu y la morada de aquellas pampas de vuelta al sur.
Espero no encontrarte en estas avenidas que me alojaron en sus zapateos,
mi sangre corre tan igual que el viento,
entre el ojo del águila y el pico de las montañas.
Hasta un nuevo verso.
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