¿Recuerdas esa vez cuando no quería nacer?,
la manera de juntarse de la inconciencia puso a latir una decisión,
un globo tendido a mis ojos
y un salto de roces que se juntaba con la música que hervía como la lluvia.
Qué vulnerable es la vida de los santos,
que he tirado varias veces los dados para que salgan en mi contra,
no era inquietud lo que clavó en sus ojos,
tampoco desearía compartir una oscuridad,
en ella hay más extensión,
una gracia prendida,
un volver de pocos y una canción de silencios.
Mi espanto se deja pausar y es el viento la que une todo,
la que se desliza en los árboles
cuando la noche queda con las radiantes filtradas
por algún agujero que se dio la paciencia en caer de a pocos.
Una gripe esquiva me atrapó y yo sin querer la recibí,
es un toque de las ventas expuestas a los mares
y los follajes que anidan en un escapar pasajero
donde la naturaleza aprendió a imitarles con mucho afán.
Desierta encontré la soledad,
hoy pueblo en ella,
en la faz de cada escena,
mi recorrido es fuera,
la gradiente espuma suelta suspiros liberados
y me suelto a nacer en los libretos abiertos.
Es presentir la duda del que este mundo está hecho
un molde te hace un hombre entre los hombres,
que es correr en círculos,
que es un impulso en cada vuelta.
Qué juego es teñirnos entre todos,
qué lejos se siente mi caer.
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