Oigo descansar tu voz
entre el caer de las cometas
y la paja apuntando en dirección a los vientos del este.
Algunos remolinos deambulan en derredores,
corrías por los cementerios sin muros
para saber quiénes de los tuyos recordaban
o extrañaban sin tenerte.
Las únicas veces que tenías la mirada lejos de tu sombra,
fueron gracias a las cometas y algunas nubes que dibujaban caricaturas
en tu sonrisa,
escondiendo al sol haciéndote perder la noción del tiempo.
Los airampos deben de extrañar tus sabores,
tu mirada al probar su acidez frente a ti.
Te encuentro en los rincones de mi infancia,
aunque mi memoria no capte tu aroma,
has existido en mí,
entre los caminos de aquel lugar,
donde he vivido desesperado,
hablando tu lenguaje,
descifrando tus gestos de niña.
En estas tierras he vivido soñando,
perdido en mi fantasía,
confundiéndote en otras vidas.
Hoy sigo soñando,
tal vez debo pedir disculpas,
pero sigo siendo un niño,
un niño que canta tu regreso,
sabiendo que no volverás,
para que estas canciones no tengan un fin,
te escucho en mis silencios,
capto tus melodías cuando veo partir la luz,
y decido colgarme al sol para que la tarde no muera
y despertar los días viéndote morir.