Murales con identidad andina
Cesar Angulo
emos recorrido muchos caminos, algunos con invaluables leccio-
nes, otros que solo nos desviaron a alguno mejor; pero todo el
tiempo, mientras hilvanamos pasos, nos hemos dado de cara con
algún muro que hemos sabido sortear. De paredes frías, sin vida,
de concreto y ladrillo, de espejos limitantes, seguimos confiando en nuestro
instinto. El muralismo nos ha sabido guiar mejor que nada por todas y cada
pincelada, una razón más para continuar.
Al lector y el mundo, y a quienes no alcancen estas líneas, invito a ser
p arte de este momento que evoca en su esencia el sentir y vivir de un pueblo
que reclama a su gente no lo guarde solo en recuerdos o bailes de temporadas,
sino también como parte de sus días.
Les invito a no solo recordar estos 26 murales, sino también a sentir-
se parte de ellos, pues detrás de la sangre de los brazos que los realizaron y
colorearon vive siempre el espectador wanka y sean sus ojos los que hablen
mejor que nadie.
Nuestros padres y sus raíces reclaman un pueblo bravío e indomable.
Los hijos somos herederos de tan noble arte y en nuestras manos pesa la res-
ponsabilidad de difundirlo y preservarlo.
He allí la justificación de En Blanco; escogemos caminos que nos lle-
van por el mejor de los senderos para vivir y expresar mejor nuestra verdad: el
arte como medio de supervivencia y extensión de nuestras existencias.
Nuestro quehacer nos ha llevado a tumbar y edificar muros y pilares
de una nueva generación de artistas, que no mucha difusión han tenido, pero
que siguen vigentes y dejan profundas huellas. En un muro más, y otros, so-
mos testigos de un mañana en la que se avecina nuevos retos; a ellos, como
siempre, acudiremos.
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