son duras, frías, difíciles de querer. Supe desde el principio que el público no la iba a abrazar fácilmente, y aun así, o precisamente por eso, me pareció un personaje necesario. Los personajes incómodos nos hacen preguntarnos cosas. Y luego está la paradoja de ser una doctora que enferma. Alguien que ha dedicado su vida a sanar y de pronto tiene que aprender a ser paciente, a ser vulnerable. Eso fue un trabajo muy profundo, porque para interpretarlo con verdad tienes que encontrar la humanidad detrás de alguien que aparentemente no la muestra.
GS: ACTUALMENTE PARTIC- IPAS EN LA SERIE POLÉN. ¿ CÓMO DESCRIBIRÍAS A LEONOR Y QUÉ TE ATRAJO DE ESTE PAPEL? CM: Polen es un thriller que arranca con una muerte que parece suicidio y que va revelando capas oscuras en cada episodio. Leonor es una mujer con una historia profunda: fue socia y cofundadora del emporio de flores junto a Beatriz, la matriarca que muere, pero en algún momento le vendió su parte del negocio. Cuando la historia comienza, Leonor carga con ese arrepentimiento, con la sensación de haber soltado algo que era suyo. Eso la hace resentida, ambigua, y la convierte en una sospechosa perfecta, como todos en esta serie, donde nadie es inocente del todo. Lo que más me sedujo fue su retorcimiento interno. Tiene además una relación muy extraña con el jardinero, un hombre enamorado de Beatriz, lo cual añade otra capa de tensión y herida en Leonor. Es un personaje que vive en los grises. Y hubo algo que me pareció un juego fascinante: decidí interpretarla como si ella fuera la culpable. Lo curioso es que ninguno de los actores sabíamos quién lo era realmente, ni siquiera si había un culpable. Así que cada uno construyó su verdad, y creo que eso se siente en pantalla.
GS: DESPUÉS DE TANTOS AÑOS DE TRAYECTORIA, ¿ QUÉ TIPO DE HISTORIAS TE ENTUSIASMA CONTAR EN ESTA ETAPA DE TU CARRERA? CM: Me entusiasma profundamente contar historias sobre mujeres como yo. Mujeres que tienen cierta edad y que siguen teniendo una vida interior rica, compleja, llena de contradicciones y de belleza. Creo que hay una deuda enorme de la industria, y de la sociedad en general, con las mujeres que dejamos de ser jóvenes. Como si envejecer fuera un proceso que hay que esconder, como si en algún momento dejáramos de ser interesantes o de merecer ser vistas. Yo quiero exactamente lo contrario: personajes que hablen de lo que significa crecer, transformarse, enfrentar una etapa de la vida que nadie te enseña a vivir. Esa experiencia de sentirse invisible cuando en realidad tienes más que decir que nunca, eso me parece territorio fértil, urgente y necesario para el cine y la televisión. Ojalá sigamos abriendo esos espacios. No solo por nosotras, sino por todas las mujeres que se sientan frente a una pantalla y necesitan verse reflejadas.