1 Fermín movió lentamente el vaso de grapa con limón y luego lo situó a la altura de sus ojos, para mirar, a través de esa transparencia, el rostro distorsionado de Javier. ?Parece mentira. Casi una hora de carretera, no siempre impecable, con el correspondiente y abusivo gasto de nafta, nada más que para tener el honor de conversar un rato con el ermitaño que volvió del frío. ?Del calor, más bien. ?Veo que no has perdido la vieja costumbre de enmendar mis lugares comunes, que, por otra parte, siempre han sido mi fuerte. La verdad, Javier, no comprendo por qué, desde que volviste, te has recluido en esta playa de mierda. ?No tan recluido. Dos veces por semana voy a Montevideo. ?Sí, en horas incómodas, cuando todos estamos laburando. O durmiendo la siesta, que es uno de los derechos humanos fundamentales. ?Ya sé que ustedes no lo entienden, pero necesito distancia, quiero reflexionar, tratar de asimilar un país que no es el mismo, y sobre todo comprender por qué yo tampoco soy el mismo. ?Quién te ha visto y quién te ve. De insumiso a anacoreta. ?Nunca fui demasiado insumiso. Al menos, no lo suficiente. ?¿Vas a seguir solo? ¿No pensás traer a Raquel? ?Eso terminó. Aunque te parezca mentira, el exilio nos unió y ahora el desexilio nos separa. Hacía tiempo que la cosa andaba mal, pero cuando la disyuntiva de volver o quedarnos se hizo perentoria, la relación de pareja se pudrió definitivamente. Quizá ?pudrió? no sea el término apropiado. Tratamos de ser civilizados y separarnos amigablemente. Además está Camila.
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Pocket Andamios.p65
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