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64 Introducción a la arquitectura. Conceptos fundamentales El caso de las Siedlungen de Frankfurt es paradigmático: de las primeras Siedlungen integradas al paisaje y seguidoras de la idea de ciudad-jardín -como la Rommerstadt, perfectamente adaptada a las vistas, a la orientación y a la topografía del valle del Nidda- se evoluciona hacia morfologías repetitivas, producibles en serie e independientes del lugar como la Westhausen o la Goldstein. Las tradiciones naturalistas del siglo XX como crítica del urbanismo moderno En la arquitectura y el urbanismo del siglo XX las aportaciones del pensamiento antiurbano no han sido nada desdeñables. Frank Lloyd Wright, Lewis Mumford, Heinrich Tessenow, Erik Gunnar Asplund, Alvar Aalto, Luis Barragán, Fruto Vivas, José Antonio Coderch, Fernando Tavora, Jörn Utzon, Sverre Fehn, Emilio Ambasz y muchos otros, han defendido la integración de la arquitectura en la naturaleza y han reivindicado la vida en las pequeñas ciudades y la planificación regional frente a la realidad mercantilista y masificada de las megalópolis. Hasta hoy mismo, a cada crisis del maquinismo le ha sucedido una nueva emergencia de la sensibilidad organicista. En el límite, la metrópolis -como la abstracción- puede llegar a ser el escenario de la alienación absoluta. Sin duda, la aportación de mayor peso dentro de dicha tradición ha sido la de Frank Lloyd Wright. En sus obras y en sus libros -como Por una arquitectura orgánica (1939)- defendió una arquitectura y una ciudad vivientes, proyectadas desde un funcionalismo orgánico. Una nueva arquitectura y ciudad que rechazara las imposiciones estéticas ajenas a la vida y que siguiera las leyes naturales y humanas. Wright adoptó una premisa singular dentro de la modernidad: la naturaleza orgánica de la máquina, es decir, que lo orgánico, telúrico y natural puede amalgamarse en una síntesis espléndida con la tecnología y la máquina, el automóvil y la velocidad. Wright manifestaba su creencia en que la ciudad contemporánea está muerta y en el futuro deben surgir nuevos modelos a partir de las formas del organicismo y las estructuras territoriales agrarias. Como la poesía de Walt Withman y la pintura norteamericana del romanticismo naturalista de la segunda mitad del siglo XIX, Sullivan y Wright fundían religiosidad, naturalismo, patriotismo y maquinismo en una sola unidad. La influencia del arte japonés tampoco es lejana a esta convicción de la sintonía entre la naturaleza y los objetos que el ser humano crea. Y obras como la casa Kaufmann o de la Cascada (1936-1937) y el Museo Guggenheim en Nueva York (1943-1959) son prueba de ello. Y es después de la crisis de los modelos arquitectónicos y urbanísticos racionalistas que estas propuestas marginales han ganado actualmente interés y vigencia. En los años cuarenta y cincuenta de este siglo, la superación y pervivencia de la arquitectura moderna se consigue precisamente integrando las propuestas del organicismo. Las formas de la Ópera de Sydney (1957-1974) de Jörn Utzon y de la Capilla de Ronchamp (1950-1955) de Le Corbusier provienen de la energía del organicismo. Lo orgánico sirve para ultrapasar los límites de lo mecánico. A la luz de las críticas contemporáneas se comprueba cómo el urbanismo moderno, basado en criterios básicamente racionalistas ya explicitados en las premisas metodológicas de René Descartes, subdividiendo las ciudades en zonas, © Los autores, 2001; © Edicions UPC, 2001.