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Introducción a la arquitectura. Conceptos fundamentales
cabaña primitiva, tal como se expresa en el texto
de Marc-Antoine Laugier Essai sur l'architecture
de 1753, culmina el reforzamiento de la identidad entre arquitectura y naturaleza. Con su
teoría, Laugier intenta liberar la arquitectura de
las reglas arbitrarias a las que había sucumbido
con el Barroco, haciéndole volver a la belleza de
la naturaleza, cuyas leyes se consideran simples
y permanentes.
Sin embargo, con la revolución industrial,
siguiendo el criterio de la burguesía de transformar el entorno para sacarle un provecho rápido
y altamente productivo, la realidad de la arquitectura y de la ciudad se va alejando de este
posible equilibrio. Si todos los núcleos urbanos
durante siglos se habían estructurado y organizado siguiendo el recorrido de la energía solar,
con la revolución industrial ya asentada se fue
dependiendo cada vez más de las energías fósiles
no renovables, empezando por el carbón.
Precisamente fue en Inglaterra, en el mismo
lugar y en el mismo momento en que se produjo
la revolución industrial, donde se desarrolló la
estética de lo pintoresco: parques como Stowe o
Stourhead intentaron imitar paulatinamente una
naturaleza virgen que empezaba a ser un bien
escaso. El paisajismo y los parques surgieron,
por lo tanto, a partir de la revolución industrial
y de la conciencia de la pérdida de los valores
sagrados de la naturaleza. La superación de las
tradiciones italiana y francesa se produce en unos
jardines pintoresquistas en Holanda e Inglaterra
que adoptan la referencia de la misma naturaleza
como obra perfecta. A esta visión admirativa de
la naturaleza contribuyó la pintura del paisaje
del siglo XVII de autores como Claude Lorrain,
Nicolas Poussin y otros. De esta manera los jardines ingleses intentaron imitar los escenarios
históricos, las imágenes bucólicas y los ambientes llenos de luz crepuscular de dichas pinturas.
El propietario del palacio quería rememorar en
los paseos por su jardín la experiencia del Grand
Tour por Italia, con el espacio y los restos de edificios representados en el interior de las pinturas
de paisaje. En concreto, el modelo que siguió el
banquero Henry Hoare para su parque de Stourhead en 1741 fue exactamente la pintura Vista
de la costa de Delos con Aeneas, de Claude
Lorrain.
A finales del siglo XVIII, se empezaron a
trazar en las ciudades europeas las primeras avenidas y paseos a partir de un acto fundacional:
las plantaciones de hileras de árboles. De esta
manera y a lo largo del siglo XIX, los valores
que se otorgaban a la ciudad y a la naturaleza
se van transformando radicalmente. Si durante
la Edad Media y a principios del Renacimiento
la ciudad y el monasterio eran garantía de protección, libertad y civilización frente a la barbarie del bosque -primitivo, salvaje y sucio- y
a la amenaza de la naturaleza, considerada diabólica y habitada por demonios viles, a partir
de mediados del siglo XIX, con la consolidación de la revolución industrial, los papeles han
cambiado diametralmente: la naturaleza es idealizada y sobre la ciudad industrial, considerada
el foco de los males sociales y de las enfermedades, se proyectan todas las críticas. La desmesura de los flujos residuales de las actividades industriales comportaron la nostalgia de un
campo sano y limpio. Es por estas razones que
en el cambio del siglo XIX al XX surgen las teorías de la ciudad-jardín de Ebenezer Howard y
de sus seguidores; toda una tradición urbanística
crítica y alternativa que aún hoy manifiesta su
parte de razón en la interpretación de las disfun-
© Los autores, 2001; © Edicions UPC, 2001.