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62 Introducción a la arquitectura. Conceptos fundamentales cabaña primitiva, tal como se expresa en el texto de Marc-Antoine Laugier Essai sur l'architecture de 1753, culmina el reforzamiento de la identidad entre arquitectura y naturaleza. Con su teoría, Laugier intenta liberar la arquitectura de las reglas arbitrarias a las que había sucumbido con el Barroco, haciéndole volver a la belleza de la naturaleza, cuyas leyes se consideran simples y permanentes. Sin embargo, con la revolución industrial, siguiendo el criterio de la burguesía de transformar el entorno para sacarle un provecho rápido y altamente productivo, la realidad de la arquitectura y de la ciudad se va alejando de este posible equilibrio. Si todos los núcleos urbanos durante siglos se habían estructurado y organizado siguiendo el recorrido de la energía solar, con la revolución industrial ya asentada se fue dependiendo cada vez más de las energías fósiles no renovables, empezando por el carbón. Precisamente fue en Inglaterra, en el mismo lugar y en el mismo momento en que se produjo la revolución industrial, donde se desarrolló la estética de lo pintoresco: parques como Stowe o Stourhead intentaron imitar paulatinamente una naturaleza virgen que empezaba a ser un bien escaso. El paisajismo y los parques surgieron, por lo tanto, a partir de la revolución industrial y de la conciencia de la pérdida de los valores sagrados de la naturaleza. La superación de las tradiciones italiana y francesa se produce en unos jardines pintoresquistas en Holanda e Inglaterra que adoptan la referencia de la misma naturaleza como obra perfecta. A esta visión admirativa de la naturaleza contribuyó la pintura del paisaje del siglo XVII de autores como Claude Lorrain, Nicolas Poussin y otros. De esta manera los jardines ingleses intentaron imitar los escenarios históricos, las imágenes bucólicas y los ambientes llenos de luz crepuscular de dichas pinturas. El propietario del palacio quería rememorar en los paseos por su jardín la experiencia del Grand Tour por Italia, con el espacio y los restos de edificios representados en el interior de las pinturas de paisaje. En concreto, el modelo que siguió el banquero Henry Hoare para su parque de Stourhead en 1741 fue exactamente la pintura Vista de la costa de Delos con Aeneas, de Claude Lorrain. A finales del siglo XVIII, se empezaron a trazar en las ciudades europeas las primeras avenidas y paseos a partir de un acto fundacional: las plantaciones de hileras de árboles. De esta manera y a lo largo del siglo XIX, los valores que se otorgaban a la ciudad y a la naturaleza se van transformando radicalmente. Si durante la Edad Media y a principios del Renacimiento la ciudad y el monasterio eran garantía de protección, libertad y civilización frente a la barbarie del bosque -primitivo, salvaje y sucio- y a la amenaza de la naturaleza, considerada diabólica y habitada por demonios viles, a partir de mediados del siglo XIX, con la consolidación de la revolución industrial, los papeles han cambiado diametralmente: la naturaleza es idealizada y sobre la ciudad industrial, considerada el foco de los males sociales y de las enfermedades, se proyectan todas las críticas. La desmesura de los flujos residuales de las actividades industriales comportaron la nostalgia de un campo sano y limpio. Es por estas razones que en el cambio del siglo XIX al XX surgen las teorías de la ciudad-jardín de Ebenezer Howard y de sus seguidores; toda una tradición urbanística crítica y alternativa que aún hoy manifiesta su parte de razón en la interpretación de las disfun- © Los autores, 2001; © Edicions UPC, 2001.