cerraba tras nosotros una puerta provista de obturadores, y súbitamente nos hallamos
envueltos en una profunda oscu-ridad.
Tras unos minutos de espera, oí un vivo silbido, al tiem-po que sentí que el frío ganaba mi
cuerpo desde los pies al pecho. Evidentemente, desde el interior del barco y me-diante una
válvula se había dado entrada en él al agua exte-rior que nos invadía y que pronto llenó la
cámara en que nos hallábamos. Una segunda puerta practicada en el flan-co del Nautilus 6P