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subma-rinos, me ha creído usted loco. Señor profesor, nunca hay quejuzgar a los hombres a la ligera. Pero, capitán, le ruego... Escúcheme, y verá entonces si puede acusarme de locura o de contradicción. Le escucho. Señor profesor, sabe usted tan bien como yo que el hom-bre puede vivir bajo el agua a condición de llevar consigo su provisión de aire respirable. En los trabajos submarinos, el obrero, revestido de un traje impermeable y con la cabeza encerrada en una cápsula de metal, recibe el aire del exterior por medio de bombas impelentes y de reguladores de salida. Es el sistema de las escafandras le dije. En efecto, pero en esas condiciones el hombre no es li-bre: está unido a la bomba que le envía el aire por un tubo de goma, verdadera cadena que le amarra a tierra. Si nosotros debiéramos estar así ligados al Nautilus, no podríamos ir muy lejos. ¿Y cuál es el medio de estar libre? El que nos ofrece el aparato Rouquayrol Denayrouze, inventado por dos compatriotas suyos, y que yo he perfec-cionado para mi uso particular. Este sistema le permitirá arriesgarse en estas nuevas condiciones fisiológicas sin que sus órganos sufran. Se compone de un depósito de chapa gruesa, en el que almaceno el aire bajo una presión de cincuenta atmósferas. Ese depósito se fija a la espalda por me-dio de unos tirantes, igual que un macuto de soldado. Su parte superior forma una caja de la que el aire, mantenido por un mecanismo de fuelle, no puede escaparse más que a su tensión normal. En el aparato Rouquayrol, tal como es empleado, dos tubos de caucho salen de la caja para acabar en una especie de pabellón que aprisiona la nariz y la boca del operador; uno sirve para la introducción del aire inspi-rado y el otro para la salida del aire expirado; es la lengua la que cierra uno u otro según las necesidades de la respira-ción. Pero yo, que tengo que afrontar presiones considera-bles en el fondo de los mares, he tenido que modificar ese sistema, con la utilización de una esfera de cobre como esca-fandra. Es en esta esfera en la que desembocan los tubos de inspiración y expiración Muy bien, capitán Nemo, pero el aire que usted lleva debe usarse muy rápidamente y cuando éste no contiene más de un quince por ciento de oxígeno se hace irrespirable. Así es, pero ya le he dicho que las bombas del Nautilus me permiten almacenarlo bajo una presión considerable, y en esas condiciones el depósito del aparato puede proveer aire respirable durante nueve o diez horas. Ninguna objeción ya por mi parte respondí . Única-mente, quisiera saber, capitán, cómo puede usted iluminar su camino por el fondo del océano.