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11. El «Nautilus» El capitán Nemo se levantó y yo le seguí. Por una doble puerta situada al fondo de la pieza entré en una sala de di-mensiones semejantes a las del comedor. Era la biblioteca. Altos muebles de palisandro negro, con incrustraciones de cobre, soportaban en sus anchos estantes un gran número de libros encuadernados con uniformidad. Las estanterías se adaptaban al contorno de la sala, y termi-naban en su parte inferior en unos amplios divanes tapiza-dos con cuero marrón y extraordinariamente cómodos. Unos ligeros pupitres móviles, que podían acercarse o sepa-rarse a voluntad, servían de soporte a los libros en curso de lectura o de consulta. En el centro había una gran mesa cu-bierta de publicaciones, entre las que aparecían algunos pe-riódicos ya viejos. La luz eléctrica que emanaba de cuatro globos deslustrados, semiencajados en las volutas del techo, inundaba tan armonioso conjunto. Yo contemplaba con una real admiración aquella sala tan ingeniosamente amueblada y apenas podía dar crédito a mis ojos. -Capitán Nemo dije a mi huésped, que acababa de sen-tarse en un diván , he aquí u