Quedaba el recurso de hablar inglés. Tal vez pudiéramos hacernos comprender en esa
lengua que es prácticamente uni-versal. Yo la conocía, así como la lengua alemana, de
forma su-ficiente para leerla sin dificultad, pero no para hablarla correc-tamente. Y lo que
importaba era que nos comprendieran.
¡Vamos, señor Land! le dije al arponero , saque de sí el mejor inglés que haya hablado
nunca un anglosajón, a ver si es más afortunado que yo.
Ned no se hizo rogar y recomenzó mi relato, que pude comprender casi totalmente. Fue el
mismo &V