19. El Gulf Stream
Ninguno de nosotros podrá olvidar jamás aquella terri-ble escena del 20 de abril. La he
escrito bajo el imperio de una violenta emoción. He repasado luego mi relato, y se lo he
leído a Conseil y al canadiense. Lo han encontrado lleno de exactitud en los hechos, pero
insuficiente en su expresivi-dad. Y es que para describir tales cuadros haría falta la plu-ma
del más ilustre de nuestros poetas, el autor de Los traba-jadores del mar[L20] .
He dicho que el capitán Nemo lloraba mirando al mar. In-menso fue su dolor. Era el
segundo compañero que perdía desde nuestra llegada a bordo. ¡Y qué muerte! Aquel
amigo, aplastado, asfixiado, roto por el formidable brazo de un pul-po, triturado por sus
mandíbulas de hierro, no debía repo-sar con sus compañeros en las apacibles aguas del
cemente-rio de coral.
Lo que me había desgarrado el corazón, en medio de aquella lucha