Enlo-quecidas, sus agujas marcaban direcciones contradictorias al acercarse al Polo Sur
magnético, que no se confunde con el geográfico. En efecto, según Hansten, el polo
magnético está situado a unos 700 de latitud y 1300 de longitud, en tanto que para
Duperrey se halla, según sus observaciones, a 1350 de longitud y 700 30'de latitud. Había
que proceder a nume-rosas observaciones en los compases instalados en diferen-tes puntos
del navío y sacar la media. Pero a menudo había que confiarse a la estima para calcular el
rumbo seguido, método poco satisfactorio en medio de aquellos pasos si-nuosos cuyos
puntos de referencia cambiaban a cada mo-mento.
El 18 de marzo, tras veinte asaltos inútiles, el Nautilus quedó definitivamente inmovilizado.
Ya no eran bloques de hielo en sus distintas formaciones streams, palchs o ice-fields ,
sino una interminable e inmóvil barrera formada por montañas soldadas entre sí.
La gran banca de hielo
dijo el canadiense.
Comprendí que para Ned Land, como para todos los navegantes que nos habían precedido,
aquello era el obstáculo infranqueable.
La aparición por un instante del sol, a mediodía, permitió al capitán Nemo situar con
bastante exactitud nuestra posi-ción, que era la de 51' 30’ de longitud y 67 39’ de latitud
Sur, un punto muy avanzado ya de las regiones antárticas.
Del mar, de su superficie líquida, no quedaba ya la menor apariencia ante nosotros. Bajo el
espolón del Nautilus se ex-tendía una vasta llanura atormentada por intrincados y con-fusos
bloques, con ese caprichoso desorden que caracteriza la superficie de un río en deshielo,
pero en proporciones gi-gantescas. Aquí y allá, agudos picos, aisladas agujas se eleva-ban a
alturas de hasta doscientos pies. Más lejos, se perfila-ba una serie de acantilados cortados