Es la marea, amigos míos respondí , no es más que la marea que ha estado a punto de
sorprendernos como al hé-roe de Walter Scott. El océano se hincha fuera, y, por una ley
natural de equilibrio, el nivel del lago sube. Y lo hemos paga-do con un buen remojón.
Vayamos a cambiarnos de ropa al Nautilus.
Tardamos tres cuartos de hora en recorrer nuestro cami-no circular y en regresar a bordo,
justo al tiempo en que los hombres de la tripulación acababan de embarcar las provi-siones
de sodio.
El Nautilus estaba ya en disposición de reemprender la marcha. Sin embargo, el capitán
Nemo no dio ninguna or-den. ¿Acaso quería esperar la noche y salir secretamen FR