colores y perfumes des-vaídos. Aquí y allá algunos crisantemos crecían tímida-mente al pie
de aloes de largas hojas tristes y enfermizas. Pero entre los regueros de lava vi pequeñas
violetas, cuyo ligero perfume aspiré con delicia. El perfume es el alma de la flor y las flores
de mar, esos espléndidos hidrófitos, no tienen alma.
Habíamos llegado al pie de unos dragos robustos que se-paraban las rocas con la fuerza de
sus musculosas raíces, 7V