de una lluvia de piedras y de escorias, un ancho cráter vomitaba torrentes de lava que se
dispersaban en cascada de fuego en el seno de la masa líquida. Así situado, el volcán, como
una inmensa antorcha, iluminaba la llanura inferior hasta los últimos lí-mites del horizonte.
He dicho que el cráter submarino escupía lavas, no lla-mas. Las llamas necesitan del
oxígeno del aire y no podrían producirse bajo el agua, pero los torrentes de lava
incandes-centes pueden llegar al rojo blanco, luchar victoriosamente contra el elemento
líquido y vaporizarse a su contacto. Rápi-das corrientes arrastr &