Volvimos sobre nuestros pasos y durante el camino fui-mos completando nuestra
recolección con nueces de palma, para lo que hubimos de subir a la cima de los árboles, así
como con ese género de pequeñas habichuelas que los mala-yos denominan abrou, y con
batatas de magnífica calidad.
Así, llegamos muy sobrecargados a la canoa. Pero Ned Land no se hallaba todavía
satisfecho con las provisiones. Le favoreció la suerte entonces, ya que en el momento en
que iba a embarcar vio varios árboles, de unos veinticinco a treinta pies de altu