esa forma, se desarrolló la vida animal y, atraído por la vegetación y la fertilidad, apareció
el hombre. Así se formaron estas islas, obras inmensas de animales mi-croscópicos.
Al atardecer, Clermont Tonnerre se desvaneció en la le-janía.
El Nautilus modificó sensiblemente su rumbo. Tras haber pasado el trópico de Capricornio
por el meridiano ciento treinta y cinco, se dirigió hacia el Oeste Noroeste, remon-tando
toda la zona intertropical. Aunque el sol del verano prodigara generosamente sus rayos, no
nos afectaba en ab-soluto el calor, pues a treinta o cuarenta metros por debajo del agua la
temperatura no se elevaba por encima de diez a doce grados