frente, y la mano crispada sobre la rueda del timón, el timonel parecía conducir aún su
bar-co naufragado a través de las profundidades del océano.
¡Qué escena! Estábamos en silencio, con el corazón palpi-tante, ante aquel naufragio
sorprendido ínfraganti y, por así decir, fotografiado en su último minuto. Y veía ya avanzar
a enormes tiburones que con los ojos encendidos acudían atraídos por el cebo de la carne
humana.
El Nautilus dio una vuelta en torno al navío sumergido, y al pasar ante la popa del mismo
pude leer su nombre: Florí-da, Sunderland.
19. Vanikoro
Ese terrible espectáculo inauguraba la serie de cat