Test Drive | Page 106

frente, y la mano crispada sobre la rueda del timón, el timonel parecía conducir aún su bar-co naufragado a través de las profundidades del océano. ¡Qué escena! Estábamos en silencio, con el corazón palpi-tante, ante aquel naufragio sorprendido ínfraganti y, por así decir, fotografiado en su último minuto. Y veía ya avanzar a enormes tiburones que con los ojos encendidos acudían atraídos por el cebo de la carne humana. El Nautilus dio una vuelta en torno al navío sumergido, y al pasar ante la popa del mismo pude leer su nombre: Florí-da, Sunderland. 19. Vanikoro Ese terrible espectáculo inauguraba la serie de cat