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Anastasio Ovejero Bernal
el planteamiento de la retórica defendido por Billig, por tanto, se aleja de
las aproximaciones cognitivas más al uso en la psicología social. No recurre a las motivaciones individuales ni al procesameinto de la información
para dar cuenta del comportamiento y actuaciones de los sujetos; el conocimiento es considerado como algo socialmente compartido, y es en este
aspecto donde existe un nexo de unión entre el plantea-miento de la
retórica y el de las representaciones sociales. Las similitudes entre ambos
planteamientos se hallan, básicamente, en la idea de la naturaleza social
del conocimiento y en el énfasis puesto en el sujeto como ser pensante.
Frente a aquellos planteamientos deterministas que ven al individuo
como una caja negra que se limita a dar respuesta a estímulos provenientes del medio, o como un ente sometido a las determinaciones estructurales del medio en el que se halla, tanto el enfoque retórico como el de
las representaciones sociales tienen como modelo un sujeto pensante»
(Sabucedo y cols., 1997, págs. 153-154).
En cuanto a las críticas, a la corriente retórica se le han hecho prácticamente las mismas que al análisis del discurso. Así, tanto Reicher (1988)
como Martínez (1990) la critican por no tener en cuenta variables como las
de poder, y olvidar los aspectos extraargumentativos, lo que está relacionado con la crítica que Bhaskar (1987) hace al paradigma lingüístico en el
análisis de la conducta social en cuanto que margina aspectos ajenos al propio lenguaje como el control y el cambio social.
e) Etogenia: propuesta inicialmente por Harré y Secord (1972) y desarrollada posteriormente por Harré (1979), se basa en la idea del hombre
como agente activo y resuelto que elige libremente, y se opone rotundamente a la experimentación en psicología social proponiendo que cambiemos de escenario para investigar, sustituyendo el laboratorio por la calle,
los bares o los estadios de fútbol, es decir, que Harré propone que la psicología social se haga allí donde interactúan las personas de la vida real,
para lo que utiliza como técnicas metodológicas tanto análisis de episodios
como análisis del lenguaje, siempre bajo la influencia de la fenomenología.
De hecho, como escribe Stryker (1983, pág. 32), «el reto más profundo y
serio a las corrientes dominantes en la psicología social psicológica o psicología social sociológica es el lanzado por los puntos de vista de la fenomenología radical». En síntesis, la etogenia postula un modelo del hombre
según el cual el uso del lenguaje es propiedad esencial distintiva del ser
humano y la conducta social debe concebirse como acciones mediadas por
«significados», no como meras respuestas a estímulos. Explicar la conducta social consiste básicamente en descubrir los significados que le son
subyacentes. Así, para dar a entender a alguien que se le está despidiendo
con cariño se pueden desplegar conductas diferentes como hacer gestos
con la mano o con los dedos o agitar un pañuelo, pero lo importante es el
significado que se transmite (por ejemplo, agitar los pañuelos significa
cosas totalmente diferentes cuando se hace en un puerto marítimo al salir
el barco, agitarlo en una plaza de toros o en un estadio de fútbol). En este
sentido, uno de los estudios etogénicos más conocidos es el que llevaron a