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376 Anastasio Ovejero Bernal Gergen, 1984, págs. XII-XIII) lo explica más detalladamente: «La psicología social tradicional a menudo se ha equivocado al creer en la permanencia, ha sido un campo principalmente dedicado a la investigación de los principios permanentes de la conducta humana. Al igual que las ciencias naturales, su principal esperanza fue localizar los procesos o mecanismos fundamentales que facilitarían la predicción (o control) de la conducta humana independientemente del contexto histórico.» Y, sin embargo, no son fáciles la predicción y el control de la conducta humana, ya que ésta no es universal sino que depende del contexto histórico, social y cultural: la psicología social no es una ciencia natural sino una ciencia histórica. Si despojamos a los fenómenos y procesos psicosociales de su dimensión histórica, los desnaturalizamos. 3) Crisis ideológica: el tercer desafío para la psicología social proviene de E. Sampson (1978), quien sostiene que la psicología social tiene su origen y sirve a las necesidades de una «sociedad capitalista de clase media, liberal, predominantemente masculina y orientada a la ética protestante» (pág. 1335). Es decir, que la disciplina está constreñida por todo un conjunto de valores sociales e ideológicos, como resume perfectamente Jiménez Burillo (1985) cuando dice que «tal vez la psicología social haya servido para justificar la desigualdad social». Más explícitamente lo explica Gross (1983, pág. 42) al afirmar que «la función ideológica esencial de la psicología social positivista y de la ciencia política consiste en despolitizar la ciencia social y presentar una imagen de ella como de un dominio neutral y objetivo de expertos técnicos que resulta inaccesible a los mortales corrientes y que es aplicado, para beneficio de toda la sociedad, por sus representantes democráticamente elegidos y orientados en tales asuntos por asesores tecnocráticos». Y es que, como escribe Deleule (1972, pág. 47), en una línea muy foucaultiana, la propia investigación sociopsicológica se encuentra ligada a la demanda social y a una ideología dominante, a la cual aporta su aparato técnico y su armazón teórico, operando, en última instancia, como parte del aparato ideológico del Estado que tiene el encargo social de evitar el recurso a la violencia física de los aparatos represores. Se trata, pues, de una tecnología de control social para prevenir problemas en la estructura que sostiene a los que detentan el poder. La psicología social se hace ideología, precisamente por esa aceptación acrítica de la visión del mundo compartida por la comunidad científica, dándole a esa visión carta de naturaleza y construyendo sobre ella el propio armazón teórico y metodológico. Lo socialmente construido se transforma sutilmente en natural y obvio, haciéndose así opacas las determinaciones sociales de nuestro objeto de estudio, contribuyendo con ello al mantenimiento de los valores y creencias dominantes y del sistema de relaciones sociales a la que éstos sirven de apoyo y cemento (Crespo, 1995, pág. 94). 4) Crisis de relevancia: una de las críticas más frecuentemente repetidas y más tempranas (Ring, 1967) dirigidas contra la psicología social ha