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Anastasio Ovejero Bernal
Gergen, 1984, págs. XII-XIII) lo explica más detalladamente: «La psicología social tradicional a menudo se ha equivocado al creer en la permanencia, ha sido un campo principalmente dedicado a la investigación de los
principios permanentes de la conducta humana. Al igual que las ciencias
naturales, su principal esperanza fue localizar los procesos o mecanismos
fundamentales que facilitarían la predicción (o control) de la conducta
humana independientemente del contexto histórico.» Y, sin embargo, no
son fáciles la predicción y el control de la conducta humana, ya que ésta no
es universal sino que depende del contexto histórico, social y cultural: la
psicología social no es una ciencia natural sino una ciencia histórica. Si despojamos a los fenómenos y procesos psicosociales de su dimensión histórica, los desnaturalizamos.
3) Crisis ideológica: el tercer desafío para la psicología social proviene
de E. Sampson (1978), quien sostiene que la psicología social tiene su origen y sirve a las necesidades de una «sociedad capitalista de clase media,
liberal, predominantemente masculina y orientada a la ética protestante»
(pág. 1335). Es decir, que la disciplina está constreñida por todo un conjunto de valores sociales e ideológicos, como resume perfectamente Jiménez Burillo (1985) cuando dice que «tal vez la psicología social haya servido para justificar la desigualdad social». Más explícitamente lo explica
Gross (1983, pág. 42) al afirmar que «la función ideológica esencial de la
psicología social positivista y de la ciencia política consiste en despolitizar la
ciencia social y presentar una imagen de ella como de un dominio neutral
y objetivo de expertos técnicos que resulta inaccesible a los mortales
corrientes y que es aplicado, para beneficio de toda la sociedad, por sus
representantes democráticamente elegidos y orientados en tales asuntos por
asesores tecnocráticos». Y es que, como escribe Deleule (1972, pág. 47), en
una línea muy foucaultiana, la propia investigación sociopsicológica se
encuentra ligada a la demanda social y a una ideología dominante, a la cual
aporta su aparato técnico y su armazón teórico, operando, en última instancia, como parte del aparato ideológico del Estado que tiene el encargo
social de evitar el recurso a la violencia física de los aparatos represores. Se
trata, pues, de una tecnología de control social para prevenir problemas en
la estructura que sostiene a los que detentan el poder.
La psicología social se hace ideología, precisamente por esa aceptación acrítica de la visión del mundo compartida por la comunidad científica, dándole a esa visión carta de naturaleza y construyendo sobre ella el
propio armazón teórico y metodológico. Lo socialmente construido se
transforma sutilmente en natural y obvio, haciéndose así opacas las determinaciones sociales de nuestro objeto de estudio, contribuyendo con ello
al mantenimiento de los valores y creencias dominantes y del sistema de
relaciones sociales a la que éstos sirven de apoyo y cemento (Crespo,
1995, pág. 94).
4) Crisis de relevancia: una de las críticas más frecuentemente repetidas y más tempranas (Ring, 1967) dirigidas contra la psicología social ha