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Anastasio Ovejero Bernal
justamente en hacer turismo. Más en concreto, el concepto opuesto al de
trabajo no es el de ocio, sino el de tiempo libre. Y dentro del tiempo libre
está el tiempo de ocio, junto al tiempo dedicado a las necesidades básicas,
a los desplazamientos o el dedicado a ciertas obligaciones. Y entre las actividades que dedicamos al ocio, el turismo destaca últimamente tanto por
su importancia psicológica como cultural y económica. Así, por no mencionar sino esta última, el turismo constituye actualmente una de las actividades económicas más importantes, por encima incluso del petróleo, de tal
forma que constituye más del 8 por 100 de la economía mundial, pasando
ya de 600 millones las visitas turísticas anuales, lo que genera, a nivel mundial, más de 3,5 billones de dólares, dan empleo a más de 250 millones de
personas. Tal estado de cosas por fuerza tenía que llevar a los psicólogos
sociales a estudiar este tema y sus repercusiones psicosociales, sobre todo
en aquellos países que, como España, son eminentemente turísticos. Como
dice Gómez Jacinto (1995, pág. 247), «como psicólogos sociales es difícil
escapar a la sugerente idea de analizar un fenómeno que mueve a millones
de personas, que les pone en contacto durante cortos períodos de tiempo,
que tiene tantos efectos sobre su calidad de vida, sobre su cultura y
entorno». En todo caso, estamos ante un fenómeno, el del turismo, enormemente complejo, que consta de múltiples dimensiones: económica, psicológica, social, cultural, etc. (Przeclawski, 1993), por lo que es objeto de
diferentes disciplinas. «El turismo es un fenómeno multidimensional que
puede ser observado desde numerosos puntos de vista» (Dann, Nash y
Pearce, 1988, pág. 3), entre los que destaca el psicosocial. Sin embargo,
hasta los años 80 no se hizo el primer intento de sistematizar el estudio del
turismo dentro de la psicología social, intento que fue realizado por Pearce
(1982) en un libro titulado justamente The social psychology of tourist behavior. Dos años después apareció el segundo texto de la disciplina: la compilación realizada por Peter Stringer en 1984, The Social Psychology of Tourism. Después ya no volvieron a publicarse más textos hasta hace poco.
En síntesis, a medida que la progresiva tecnologización del trabajo así
como otras variables como las anteriormente apuntadas (prejubilaciones,
etcétera), van dejando más tiempo libre a las personas, la «industria» del
ocio y del turismo va ganando terreno a las actividades tradicionales en los
sectores agrícolas o industrial, hasta el punto de que si hace un siglo la
sociedad industrial sustituyó a la agrícola, podemos decir que hoy día ya
hemos entrado plenamente en una sociedad postindustrial y posmoderna,
caracterizada justamente, entre otras cosas, por ser una sociedad del ocio y
del tiempo libre, en la que el turismo está desempeñando un papel económico y hasta cultural de primer orden. De ahí que los psicólogos sociales,
tanto en sus análisis teóricos como en sus aplicaciones, estén obligados a
estar al tanto de estos cambios que se van produciendo en nuestra sociedad
y que se ocupen de ámbitos tan en boga y en expansión actualmente como
son los del ocio y el turismo. Y sin embargo aún no son temas centrales en
los intereses de los psicólogos sociales, ni en nuestro país ni fuera. A pesar
de ello, a lo largo de los últimos años sí van apareciendo, aunque sin nin-