no era mucho que quien llevaba tan atadas las manos tuviese algún tanto suelta la
lengua. Y, volviéndose a todos los de la cadena, dijo:
–De todo cuanto me habéis dicho, hermanos carísimos, he sacado en limpio que,
aunque os han castigado por vuestras culpas, las penas que vais a padecer no os
dan mucho gusto, y que vais a ellas muy de mala gana y muy contra vuestra
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